miércoles, 6 de febrero de 2008

Redecir un dicho o de la modernización de la sabiduría coloquial

Los refranes... Ah, terribles acicates que ponen en evidencia nuestra ignorancia o destruyen nuestra burbuja existencialista, y es que ¿Quién no ha sido merecedor de algún refrán en algún momento de confusión o enfado? Los dichos populares tienen la capacidad de hacernos notar, de forma irrefutable, que no somos ni los primeros ni los últimos en vivir una determinada circunstancia, al grado de que se confeccionó un refrán para esa específica situación... Lo que quiero decir, para ponerme pragmático, es que si alguna vez la tristeza nos invade habrá un: “las penas con pan son buenas” o “dale tiempo al tiempo” o “pa’ los toros del jaral, las yeguas de allá mesmo” (este último para los idilios mal logrados). La verdad es que los refranes nos arrebatan esa unicidad que creemos poseen las experiencias que vivimos. Los dichos nos abren los ojos a que nuestra problemática es bien conocida y ya hasta se ha propuesto una especie de ley que enuncia la solución definitiva o fácilmente observable y que escapa a nuestra sagacidad (que en realidad no era mucha dado que nos metimos en el dilema al que responde el dicho).

En mi opinión, los dichos pueden evolucionar, adaptarse a la nueva problemática y dinámica social. Ahora, poca gente sabe para qué rayos se traga el pinole y como su consumo puede ocasionar un impedimento en la capacidad chiflativa... Ahora, a los dichos, se les reemplazan palabras que suenan parecidas a las originales, pero que tienen connotaciones sexuadas e imaginativas. Verbigracia:

“El que quiere azul celeste, que se acueste.”

“Aunque se pinte de güera, mona se queda.”

Y mi favorito: “A palo dado... ¡Adiós, loquita!”

Dentro de esta sinergia modificativa de refranes quiero proponer la ampliación de la sabiduría del dicho a niveles insospechados, utilizando la variación ortográfica. Estas variaciones permitirán un uso expandido de los dichos y nos permitirán abarcar situaciones no previstas por la sabiduría coloquial. Observad el siguiente ejercicio:

Del refrán: “El casado casa quiere”; que se refiere a que los enamorados quiere privacidad, son posibles las siguientes variaciones:

  • “El casado caza quiere”; donde un marido quiere salir de cacería para evitar lidiar con la molesta esposa (por lo general aplica de manera chovinista).
  • “El cazado casa quiere”; que aplica cuando un cazador desalmado arma el cliché televisivo de cazar personas por gusto y les permite a sus presas correr por un bosque donde éstas buscan refugio, de preferencia, una choza o cabaña.

Del refrán: “Entre menos burros más olotes”; utilizado para cuando personas abandonan un agasajo e incrementan las porciones de los demás concurrentes, pueden lograrse las siguientes extrapolaciones:

  • “Entre menos burros más solotes”, que indica la notoria soledad que embarga a aquellos que decidieron quedarse en la tertulia, ante la partida de algunos que tenían que llegar temprano a sus hogares.
  • “Entren menos burros y más olotes”, que indica el deseo que de lleguen menos invitados al tiempo que se expresa el deseo de que sean preparadas más viandas.

Del refrán: “El pez por la boca muere”, utilizado para hacer reflexionar a aquellas personas que suelen enredarse en sus mentiras, haciendo evidentes sus engaños, se expande a:

  • “El pez por la coca muere”; que puede aplicarse para hacer notar a algún consumidor de narcóticos que hasta un animal podría morir por sobredosis.
  • “El pez por la boca muerde”; caso ejemplar para referirse a la piraña mascota que tenía aquel hombre raro que tenía una tienda de mariscos y murió por un extraño accidente en el que perdió varios dedos de la mano al intentar sacar su reloj de la pecera.

Como los casos expuestos, es posible ampliar el campo de acción de un refrán, así como su trasfondo cultural y generacional, al cambiar únicamente una letra en el enunciado. Estas modificaciones son menos agresivas con el texto original y permiten la creación y adecuación de nuevos dichos populares, y la conservación de la estructura original del dicho antes de su modificación. La expansión de un dicho al que se le cambia sólo una letra es más eficiente y más respetuosa que aquellas en las que se modifica una palabra completa.

Es necesario aclarar que al principio, habrá una alta confusión entre los usuarios, así como una insatisfacción generalizada hacia la aplicación de los refranes, ya que las modificaciones gramaticales sólo serán evidentes al observar el refrán en su forma escrita. Sin embargo, el uso de esta nueva tendencia se extenderá y en un futuro a corto plazo, las modificaciones se manejarán comúnmente, generando niveles de satisfacción aceptables entre los usuarios.