miércoles, 13 de marzo de 2013

De los datos engañosos, o de la promiscuidad estadística

En años recientes el fácil acceso a la información ha generado una inundación de datos que los menos escrupulosos utilizan a su conveniencia. Sí, la estadística es una suripanta que vende sus encantos al mejor postor, y por lo general, los publicistas y otros profesionistas de la mercadotecnia son sus proxenetas. La razón por la que tildo de taconera a la ciencia del análisis de datos, es porque la interpretación de la información generada por un experimento/encuesta/sondeo/muestreo, si bien son datos crudos, tienden a dejar fuera elementos importantes que permiten la manipulación descarada de las conclusiones. Mi máxima es: no dejarse llevar por los resultados, si no se conocen los parámetros del experimento.
Ilustraré mi argumento, primero, con un ejemplo sencillo. Supongamos que Gertrudis Mazorquera es una pequeña empresaria de la industria de los alimentos; vende esquites en un carrito. Un día su prima Holga Pérez Soza, una verdadera autoridad en la galbana, se declara hastiada de las insinuaciones hacia su poca contribución al gasto familiar y decide iniciar un negocio. Como era de esperarse, Holga prefiere imitar a su parienta Gertrudis, exitosa microempresaria de los alimentos ambulantes. La señorita Pérez Soza llama por teléfono a su prima, la señorita Mazorquera, y después de las fórmulas tradicionales de saludo (un hola, un hace mil que no te veo, un ¿Cómo está mi tía la Cuquis?) la cuestiona:
- ¿Cuánto vendiste hoy?
- ¿Dónde pones tu carrito?
- ¿Cómo preparas los elotes?
La otra contesta sendas preguntas:
- Cerca de $700.00
- A una calle de la plaza de armas.
- Con limón, chile, crema, mayonesa y queso.
Hasta aquí, todo pinta de maravilla. Holga Pérez arma su cacharro y se dispone a recibir oleadas de maysóvoros con los bolsillos dispuestos a vaciarse y la barrilla presta a llenarse. Sobra decir que no fue así. Yo les aseguro que Holga tenía el mismo sazón, ponía su changarro diariamente y daba un producto de calidad, pero su negocio no prosperó y hubo que traspasar la operación para minimizar las pérdidas ¿Qué fue lo que pasó? Resulta que las preguntas que la señorita Pérez Soza realizó a su consanguínea no eran del todo atinadas. Quiero decir, la información que Holga quería obtener era acertada: Venta aproximada diaria, lugar de venta (para minimizar la competencia) y la receta. El error fue la sencilla falta de contexto. Resulta que las respuestas contextualizadas son las siguientes:
- Hoy vendí $700 porque es 15 de diciembre, y pagaron quincena y aguinaldo, si promedio durante un mes las ventas diarias, son poco menos de $300 al día.
- Pongo el carrito a una cuadra de la plaza de armas, afuera de un gimnasio especial para personas con sobrepeso.
- Preparo los esquites con 2 limones, media cucharadita de chile, una cucharada de crema, una embarrada de mayonesa y copeteo el vaso con el queso. Es importante ser mezquina con la mayonesa y el queso, porque son los ingredientes más costosos.
Resulta evidente que si Holga sobreestimó las ventas, se colocó cerca de un puesto de tacos, y no echó buenos cálculos al costo de cada vaso de esquites, su misión estaba destinada al fracaso.
Visto lo anterior, resulta axiomática la necesidad del contexto al pedir o dar información. Gertrudis pudo actuar bajo una simple omisión, pero también pudo omitirlo mañosamente, para eliminar a la competencia, o porque nunca le perdonó a Holga que bailara con El Cachuchas en la tardeada de la secundaria 73. Así, la difusión de información fuera de contexto es usada por charlatanes y otros embaucadores, para influir en los incautos, inocentes y/o ignorantes. Ahora analicemos algunos ejemplos comunes en diferentes publicidades:

Es más probable morir en un accidente automovilístico que en uno aéreo.
Para hacer esta aseveración es importante observar que aún cuando hay muchos más accidentes mortales de tipo automovilístico que de tipo aéreo, hay diferencias importantes:
i) ¿Cuáles son los requisitos para que una persona maneje un auto y cuáles para que una persona maneje un avión? Al considerar el grueso de todos los accidentes automovilísticos se están incluyendo los aprendices, los ebrios, los que chocan por quedarse dormidos, los que chocan al estacionarse, los que se meten en contra por una calle, etc. Muchas de estas situaciones no se presentan en los pilotos de aviones, quiero decir, no permiten que un aprendiz vuele o aterrice un avión, en teoría los pilotos no vuelan ebrios ni se quedan dormidos, y definitivamente no se espera que choquen al estacionarse aún sin la ayuda de un vieneviene.
ii) Un piloto de avión recibió una preparación académica, tiene un permiso certificado y vive de pilotear un avión. La mayoría de los conductores que se ven involucrados en accidentes automovilísticos recibieron su formación de sus padres o de un curso de manejo, las licencias requieren un examen sencillo o ninguno, y la mayoría manejamos para transportarnos, no como profesión. Para poder comparar entre los pilotos de avión que participan de accidentes aéreos mortales contra los automovilistas que participan en accidentes mortales debemos comparar a los pilotos con, digamos, los choferes de autobuses de pasajeros, ya que ambos son conductores por profesión y transportan pasajeros.
iii) Y la más importante de todas: ¿Cuál es el porcentaje de pasajeros que mueren en un accidente aéreo y cuál es el porcentaje de pasajeros que mueren en un accidente de autobuses? Esta última es la verdadera comparación que permitiría saber si es más probable morir en un accidente de autobuses que en uno aéreo. Recomendación, no viajen en avión a menos que sea necesario.

Dicho de un antiséptico: Mata el 99.9% de las bacterias. 
Cuando hablamos de bacterias hay que tener dos hechos en mente:
i) Son muy pequeñas, caben millones en menos de un centímetro cuadrado. Supongamos que hay una superficie con un millón de bacterias de la misma cepa (que no es algo tan descabellado para algo que está realmente sucio). Si el antiséptico mata el 99.9% de las bacterias, después de aplicarlo sobreviven 10 000 células, listas para infectarnos. Cuando se habla de enfermedades que pueden contraerse por unas cuantas células, 10 000 es un número preocupante.

ii) Hay bacterias altamente patógenas y bacterias relativamente inocuas. Digamos, la mayoría de las cepas de Escherichia coli son inocuas, mientras que la mayoría de las cepas de Staphylococcus aureus son altamente patógenas. Cuando se dice que mueren el 99.9% de las bacterias no se indica si el 99.9% de todas las especies de bacterias mueren (si hay E. coli y S. aureus, mueren ambas especies), o si mueren el 99.9% de las bacterias presentes, dejando el 0.01% de bacterias que pueden o no, ser peligrosas (si el 99.9% eran E. coli y el 0.01% eran S. aureus estamos en un problema). El ejemplo más aproximado sería una fuga masiva de animales en un zoológico; si se reporta que se recuperaron el 99% de los animales no se indica si los que faltan son cebras, chimpancés y gacelas (inocuos), o son serpientes, tigres e hienas (peligrosos). Según la estadística, pudieron recuperarse 99 guacamayos y quedar libre un gorila de 500kg; recuperarse todas las granjas de hormigas y quedaron libres dos manadas de tigres, 2 anacondas, un oso grizzly con mal temperamento y más listo que los osos promedio, además un cardumen de una nueva especie resultado del cruzamiento de pirañas, escorpiones y palomas. En todos los casos el porcentaje se conserva.


8 de cada 10 gatos prefieren whiskas. 
Esto es muy relativo, ya que no se indica qué es lo que suelen comer los gatos que participaron en la encuesta. Si los 10 gatos suelen comer basura y les ofrecen una lata de alimento para gatos, rico y carnosito, seguro que la gran mayoría escogerá whiskas. Ahora, si los diez gatos suelen comer whiskas y les ofrecen otro alimento, y 2 de ellos prefieren el otro alimento, en realidad whiskas tiene una taza de rechazo del 20%, es decir, 1 de cada 5 gatos que come whiskas, preferiría comer otra cosa. Esto último es altamente revelador, y es una interpretación diferente de la misma estadística. NOTA: De ninguna manera pretendo perjudicar a whiskas con este comentario, yo no soy gato y no suelo untar galletitas con alimento para gatos, por lo que no tengo una opinión sobre su sabor o calidad.

Así, queridos lectores, la próxima vez que se les quiera convencer con una estadística o con el resultado de un experimento, hagan especial hincapié en conocer los parámetros/contexto de la información. Que los número no los apantallen.

sábado, 2 de marzo de 2013

De la cientificación de los monstruos, o del "ponle salsa y limón, a ver si así se lo comen"

En estos días de ocio y lozanía he readquirido mi mal hábito de ver películas malas. Mi mayor deleite son aquellas que tratan de criaturas míticas, engendros malignos, entes ominosos vomitados por las más inauditas circunstancias, etcétera. Creo que mi fascinación por los largometrajes de esta índole tiene su origen en que extraen mi mente de este yermo al que llamamos vida cotidiana, y me transportan a mundos adyacentes (o muy muy lejanos) donde las leyes de naturaleza suelen hacer magníficas y pavorosas excepciones. De aquí mi molestia (porque va más allá de una simple incomodidad) por tratar de "cientificar" a los espantajos que aparecen en los filmes. Verán, aún cuando la ciencia y la tecnología me han marcado como fierro ardiente a la res, me gusta que aquello que se supondría no es explicable, permanezca de ese modo; así, será inalcanzable, místico, y cumplirá con la función que el entretenimiento tiene encomendada: expulsarnos de nuestra prisión terrenal, alimentar con hormona del crecimiento a la sesera de los mentecatos (como yo). Intentar dar explicaciones científicas, racionales o ligadas a avances tecnológicos actuales, es denigrar la naturaleza mística de estos seres sobrenaturales. A continuación unas verbigracias.

En algunos casos recientes (del cine, por supuesto) se propone a los licántropos como humanos infectados por un virus, el cual es el resultado de algún cruzamiento de especies. Los cambios anatómicos del individuo se derivan de una cascada de reacciones hormonales, originados por el aumento de la carga viral en el plenilunio. Patrañas. Con un sólo disparo derribaré a este abyecto argumento: hablemos del pelo. Dado que la velocidad de crecimiento máximo del vello es cerca de 1.5cm al mes, para que el lobuno sujeto "se pusiera peludito" tardaría un mes (digamos que cada vello creció los 1.5cm). Esto significa que, si la luna llena provoca la etapa de cambio lobuno en nuestro miserable amigo, él tardaría un mes en crecer su "atuendo de trabajo", y no unos segunditos, como acostumbran hacerlo en películas y series de televisión. De este modo, el pobre muchacho tendrá que esperar una treintena para comenzar a aterrorizar al pueblo. Otro aspecto importante del pelo es la cantidad de energía y proteínas que requiere para formarse, si el licántropo lograra exacerbar su capacidad capilar en un 1000% (para que le creciera el pelo en tres días) la cantidad de azúcares/grasa y proteínas que debería consumir para mantenerse vivo y crecer su pelaje es exorbitante, digamos que para un hombre promedio pasar por la transformación en 3 días sería dejarlo en los huesos, sin músculos para sanjuanear a sus víctimas o escapar de sus perseguidores. Visto lo anterior, comentar además sobre el imposible crecimiento acelerado de los caninos, me parece de mal gusto.


Algunas historias de vampiros buscan solidificar la existencia de los hematófagos humanos utilizando un cohorte de enfermedades genéticas. Dentro de este principio, pretenden justificar el temor de los vampiros a la luz del sol por medio de la xerodermia pigmentosa. Si bien casos severos de este terrible padecimiento existen, ninguno de estos pacientes ha explotado o transformádose en ceniza ante la incidencia de la luz del astro rey. Lo que en realidad pasaría es que la luz del sol llenaría de llagas la piel expuesta del pariente de Drácula en unos 15 minutos y, si no recibe tratamiento, una infección en las llagas (combinado con uno de los peores dolores posibles) mataría al pobre diablo en cuestión de días, no segundos. Por supuesto, no habría cenizas de por medio, y si lo dejan tirado al sol hasta que muera (tal vez en una semana), la flora bacteriana intestinal haría lo suyo inflándolo como perro machucado hasta que la barriga le reventase. Este hematófago perdería completamente el glamour una vez acabado el lento y doloroso proceso de su muerte, más por deshidratación e infección que por exposición a la luz solar.


Los muertos vivientes son mis consentidos. Los zombies se han vuelto muy populares en las últimas décadas, y se les considera la respuesta a la histeria urbana que vivimos diariamente. A pesar de lo geniales que los zombies son, es completamente imposible que el corazón de una persona no efectúe latidos y dicha persona pueda seguir y seguir como el lebrato de las pilas alcalinas. La razón es simple, el metabolismo de las células mamíferas es oxidativo; esto significa que las células de nuestro cuerpo requieren oxígeno para transformar el alimento (azúcares/grasa) en energía. La sangre transporta azúcares y oxígeno a las células de todo el cuerpo, y si ésta deja de fluir las células colapsarán. Por lo anterior, si no hay latidos o si el zombie tiene heridas que lo desangren, no hay transporte de oxígeno ni alimento a las células y éstas no funcionan. Aún si el zombie es incapaz de sentir dolor o detenerse ante disparos de armas de fuego y demás ataques, en cuanto el muerto viviente se desangre, el show habrá terminado. Es un camino cerrado.


Otras películas que llamaron mi atención son aquellas donde los posesos contagian al demonio a través de su sangre, como hepatitis C. Estas películas pretenden rebajar a la posesión demoníaca a una mediocre enfermedad altamente contagiosa. Esta idea es aún más ominosa que la posesión demoníaca en sí misma. Si bien hay algunos estudios que proponen la existencia de un gen "del mal", se postula que se requieren 3 factores necesarios para generar un individuo considerado maligno; la condición genética sólo es uno de ellos. Este gen del mal es intransferible por vías de contagio regulares, por lo tanto los posesos no pueden "estornudarle" el chamuco al prójimo.


Un filme animado de la década de 1980 proponía una visión realista de los dragones. Sí, dragones escamosos, voladores y escupefuego. Cientificaban el vuelo y el fuego de los dragones con una serie de reacciones químicas: 

1. Los dragones consumían piedra caliza.
2. Con ayuda de descargas eléctricas producidas en sus cuerpos (no está claro si por su recubrimiento escamoso o por una habilidad similar a la de una anguila eléctrica), separaban el calcio reduciéndolo a su estado metálico. 
3. El calcio metálico reaccionaba con el agua y producía hidrógeno. 
4. El hidrógeno inflaba la barriga del dragón haciéndolo liviano, dándole la habilidad de volar. 
5. Este mismo hidrógeno podía ser expulsado por la boca e ignitado por las antes mencionadas chispas eléctricas en el hocico del animal.
Si bien es perfectamente plausible que un lagarto vuele (lo hacían los pterodáctilos, ayudados de altas concentraciones de amoniaco en la atmósfera), y las reacciones químicas propuestas son, en principio, correctas, todo este circo está forzado. Comencemos por el calcio metálico; el contacto directo de un metal alcalino con cualquier tejido vivo, termina en la destrucción de dicho tejido; esto es porque el calcio separa el hidrógeno del agua y las células son hasta 70% agua. Otro problema es la gran cantidad de calor que se libera en la reacción, podría causar quemaduras profusas en el sistema digestivo del dragón, dejándolo incapacitado para comer o, en su defecto, incapacitado para vivir. Otro grave problema es el confinamiento del hidrógeno generado, ya que las moléculas de hidrógeno son tan pequeñas que atraviesan los tejidos fácilmente y, si no se puede confinar a la barriga del dragón, no hay flotación. Por último, el tamaño que debería adquirir la barriga del dragón para que se eleve por pura flotación (como lo hacía en la película), sería poco práctico para el dragón mismo. Si el lagarto pesara cerca de 5000kg, que es un peso estándar para un ser de ese tamaño, debería tener una barriga de 4000 metros cúbicos, esto es, una panza de ¡Al menos 29m de diámetro! Este botijón volante estaría tan inflamado que ni podría poner sus patas en el suelo, o mover sus alas para adquirir algo de dirección.

Por todo lo anterior, y las otras muchas que no he escrito, los escritores hollywoodenses deberían dejar de lado su fútil esfuerzo por convencer a los cinéfilos de que sus monstruos del averno son posibles. Digo, si alguno de los espectadores realmente creyera que hay un basilisco en el sótano de una escuela, seguro que invertiría su tiempo en diseñar una estrategia de mercadeo, hacer visitas guiadas, anuncios de televisión y tomar fotos a los petrificados niños, en lugar de dilapidar dos horas de posibles ganancias yendo al cine a ver una película.