miércoles, 2 de abril de 2008

¿Quién es el verdadero monstruo? o del robo a los muertos


A través de los años he desarrollado una adicción moderada por los videojuegos, principalmente aquellos de RPG (Role Playing Game). Me atraparon desde la arcaica consola del atari 2600, y aún sigo atrapado... Debo hacer notar que una de mis mayores fijaciones fue la zaga de "the legend of Zelda". Adoraba encarnar al joven y orejón "Link" y ser el acicate de los malosos, libertador de la tierra de Hyrule, y rescatista desinteresado de la fastidiosa princesa Zelda (víctima serial de secuestros). En aquellos días de 8-bit, mi mente no estaba ataviada por el aparente síndrome de Estocolmo entre Zelda y el hechicero Ganon (mejor dicho, ganón, porque de seguro se divertía con la mentada princesita), ni por la controvertida capacidad del protagonista para cargar a todo lugar con un costal lleno de porquerías (arco, flechas, bombas, boomerang, espada, escudo, etc...); nada de esto. Mi mente rodaba sobre la penosa necesidad de acumular “rupias”, divisa oficial de la tierra de Hyrule. Las rupias provenían, principalmente, del asesinato. La cruenta matanza de malhechores, esbirros del hechicero maligno, que se dedicaban a obstaculizar la misión del protagonista. Con las rupias, como ocurre con cualquier moneda, se adquirían objetos de valor: pociones, escudos y otros adminículos. Esta modalidad fue adoptada rápidamente por muchos videojuegos subsiguientes, incluso, en diferentes consolas.

Recientemente, he invertido algunas horas en desbloquear todas las capacidades especiales de mi “Resident Evil 4” para el PlayStation 2. En este juego, Leon avanza por diferentes niveles eliminando zombies. Cuando la vida después de la muerte de un zombie es extinguida, aparecen municiones, armas y, por supuesto, pesetas (el juego se desarrolla en algún lugar de España). Para adquirir la bonanza también existe la posibilidad de romper jarrones, barriles, cajas y retirar pinturas de la pared. Estando absorto en esta dinámica de homicidio y recolección, de pronto me golpeó... me golpeó un zombie, pero lo maté y luego me di cuenta: ¿De dónde proviene este dinero que se encuentra en los jarrones, detrás de los cuadros y en los restos de mis víctimas? Probablemente algún zombie ahorraba los centavitos, remuneración mezquina por su labor como secuaz, y los depositaba en el jarrón o detrás del cuadro. Probablemente había una pequeña familia zombie que soñaba con cambiar de vida cuando el muerto padre ahorrara lo suficiente para un cirugía plástica y algunas cajas de desodorante (los muertos han de oler muy mal). Tal vez ahorraba ese dinero para comprar el anillo de compromiso que requería para contraer nupcias con el putrefacto cadáver de la novia. Incluso, podían ser los ahorros para mandar a la niña muerta de la familia a la universidad a estudiar medicina, niña que soñaba con aliviar las molestias del rigor mortis de sus padres y abuelos... Me deprimí. Toda esta información, todos estos sueños rotos, por mi culpa, por mi codicia desmedida y mi falta de empatía hacia las necesidades de los vivos después de la muerte...

Obviamente quise justificarme: La supervivencia del más apto, el bien debe triunfar, los muertos no sienten... y la más patética: así se me educó, a matar malosos para conseguir bienes y estatus social de héroe. Aunque yo sé que no es justificación, esta última aseveración es cierta. Desde que inicié mi transe a través de los videojuegos, esta fue la educación que recibí de los programadores... Aún así me siento como un asesino en serie intentando evadir la pena capital.

Soy sensato, no prometo cosas que no puedo cumplir. Nunca he dicho que no volveré a tomar después de una terrible cruda, ni he dicho que entrego el 100% de mi esfuerzo en algo. No puedo decir que dejaré de jugar videojuegos, ni que despreciaré los bienes que obtenga de mutilar y aniquilar a un zombie, ente malvado o secuaz del maligno. Pero aseguro que de ahora en adelante me acongojaré por aquella familia quebrantada, por esos sueños rotos y por ese espíritu ahorrativo y tacaño que están detrás de cada una de mis víctimas en este oscuro camino que los videojuegos de RPG me obligan a caminar.

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