martes, 27 de mayo de 2008

De la aparición de la gallina y otras señales del principio del fin

Resulta que un día saqué la basura, actividad que requiere de gran coordinación para abrir puertas con una mano para evitar posibles contaminaciones del suelo residencial y de las prendas de vestir de aquel quien retira los desechos del sacro hogar. La hora designada para esta actividad es pasadas las 21hrs, ya que la unidad recolectora de desechos (camión de la basura) estila hacer su aparición a eso de las 23hrs. Haciendo suertes y dominadas logré retirar los residuos y los coloqué en el lugar designado para su recolección (la esquina, pues). Llegado a la esquina decidí acudir a la tienda de abarrotes más cercana para adquirir bebidas de bajo contenido nutritivo, pero de sobrado sabor y rotunda predilección popular (o sea, unas cocas).
Cuando regresaba del expendio con mi líquida carga, me percato de que en la entrada de mi edificio se encontraba un espécimen aviar de aquellos que se encuentran en las granjas (una
gallina). El ave, un digno ejemplar del Gallus gallus hembra (colorada y todo), presentaba una notoria ausencia de plumas en la región comprendida entre la fárcula y la quilta, cosa que denotaba que dicho animalejo había escapado por alguna cavidad estrecha. La ovípara en cuestión me causó gran impresión ¡Un espécimen vivo de esa taxonomía, aleteando y gorgoreando en el umbral de mi edificio!
Mi primera impresión fue que vería a un granjero (con overall de mezclilla y sombrero de paja) mirando al suelo furtivamente y tronando los dedos mientras entonada algún llamado animal... Esto no sucedió... Luego pensé que una niña pequeña (hija del granjero y con las mismas fachas) pasaría cabizbaja y sollozante buscando al plumífero de sus afectos, a quien llamaría por el nombre de "chinchita" (apodo que tendría su origen en una añeja anécdota familiar - bueno, no muy añeja, las gallinas no viven mucho -). Pero no hubo granjero, ni niña, ni operador de camión pollero recolectando sus pérdidas. Nada de eso, lo único que obtuvo la gallina fue un asombrado espectador con botellas de refresco en las manos.
Una vez constatado el innegable abandono que sufría la gallina, tuve a bien subir a mi departamento para deshacerme de aquello que estorbaba en mis manos... Cuando caminaba por la escalera pensé: ¿Cómo puedo ayuda a la criatura cocoreadora? ¿Podría encontrar la forma de tenerla en casa hasta que su legítimo dueño (niña, granjero o corporación multinacional) regresara por ella? ¿Habría un hogar para gallinas maltratadas que escapan de su gallinero por el sueño de algo mejor? La verdad no lo sabía... Lo que sí puedo asegurar es que comencé a explorar la posibilidad de atrapar delicadamente a la gallina y tenerla en casa. La idea no fraguó. La razón es sencilla: tengo un hurón en casa, y los hurones comen gallinas. La idea de llevar a la gallina de una muerte horrible a otra no me resultó atrayente, aún cuando su batalla campal entre hurón y gallina fuera para lograr mi favor... Digo, no soy un emperador romano, y la gallina y el hurón tampoco son gladiadores... aunque... Bueno, el punto fue que no tuve manera de ayudar al ave en desgracia.
En este punto, yo ya había entrado al departamento, dejado los refrescos, tomado mi cámara fotográfica y me encontraba bajando nuevamente. Llegué a la puerta de la cochera, y fotografié al ejemplar Gallus gallus (fig. 1). Acto seguido, tomé una fotografía a un lado del ave, tomando una considerable distancia de seguridad, para evitar contingencias (fig. 2). Las fotografías no tenían otro fin mas que hacer verosimil mi historia ante amistades y terceros, porque hasta yo la considero medio increíble. Una vez documentada la presencia de la gallina en mi edificio habitacional llamé a emergencias como mi último recurso, esto porque no supe a dónde comunicarme y pensé que posiblemente pudieran orientarme sobre alguna dependencia u organización que pudiera tomar el control de la situación... No fue así, ¡Nunca logré que operador alguno tomara mi llamada! De buenas que no estaba siendo asesinado, asaltado, en dolor o necesidad, porque hubiera muerto indudablemente.
El nuevo y único plan falló. No me quedó más que quedarme con la gallina hasta que ésta se acurrucó en un rincón del portón y quedose dormida. En ese momento, me resigné a que no había nada que hacer, y subí a mi departamento... Con culpa y pesar.
Al día siguiente no había gallina, no había plumas ni sangre, tampoco huevos ni la basura que bajé la noche anterior... Desconozco el paradero del ave, sólo espero que dondequiera que haya terminado, haya sido bien recibida y cuidada.

Figura 1: Especimen de Gallus gallus desorientado.


Figura 2: Gallina colorada y yo (distancia de seguridad = 110cm).

De la geometría del amor y otros demonios

El otro día escuché, por centésima vez, la frase “triangulo amoroso”... Como es de esperarse, mi mente comenzó a cavilar en esta idea. En un triángulo cualquiera, cada vértice está unido a los otros dos por sendos lados. En la situación de que uno de los miembros de una pareja sostenga una relación adúltera con algún otro individuo, indicaría que sólo una de las aristas de la figura geométrica posee una unión con ambos vértices restantes. Tomando lo anterior, en realidad aquello que no reparamos en llamar “triangulo amoroso” es en realidad un “ángulo amoroso”, ya que la condición de las interacciones personales en dicha circunstancia es análoga a un ángulo. De lo anterior concluyo que la fusión entre la geometría y la disposición de las relaciones humanas requiere un análisis profundo, y no una frase dominguera, simplista y poco reflexiva. De aquí que he generado los siguientes postulados:

Geometrías lineales amorosas:

  • Sea una pareja cualquiera, donde A es pareja de B, a esta disposición se le llamará “segmento amoroso” o “pareja”. (fig. 1)
  • Sea un individuo cualquiera A, que sostiene relaciones con B, C, D y E, a esta disposición se le conocerá como “unión de segmentos amorosos” u “origen amoroso en A” o “disposición Mauricio Garcés”. (fig. 2)
  • Sea una pareja cualquiera, donde A es pareja de B, y A posee una relación oculta con C, a esta disposición se le llamará “ángulo amoroso” o “bigamia”. (fig. 3)
  • Sea una pareja cualquiera, donde A es pareja de B, y A posee una relación adúltera con C al tiempo que B se relaciona pecaminosamente con C, a esta disposición se le llamará “Línea quebrada amorosa” o “cadena de infieles”. Esta disposición es expandible a un número infinito de quiebres, es decir, una unión sucesiva de bígamos... (fig. 4)

Geometrías poligonales amorosas:

  • Sea una pareja cualquiera, donde A es pareja de B, y A sostiene una relación extramarital con C, mientras que B y C son bisexuales y sostienen un amorío, a esta disposición se le llamará “triángulo amoroso”, “fantasía masculina” o “threesome”. (fig. 5)
  • Sea una pareja cualquiera, donde A es pareja de B, y A se relaciona amorosamente con C mientras que B flirtea con D, donde C y D forman otra pareja, a esta disposición se le conocerá como “cuadrado amoroso” o “swingers”. (fig. 6)
  • De acuerdo a los postulados anteriores, esta condición puede ser expandible a un polígono de lados infinitos, que se llamará “polígono amoroso” o “ciclo de engaños”. (fig. 7)

Geometrías diagonales amorosas:

  • Sea una pareja cualquiera, donde A es pareja de B, y A se relaciona amorosamente con C mientras que B flirtea con D, donde C y D forman otra pareja pero además D y A se relacionan de forma indecorosa, a esta disposición se le conocerá como “cuadrado diagonal amoroso” u “orgía de primer nivel”. (fig. 8)
  • Dado que las geometrías diagonales pueden ser complejas en su definición escrita, sólo abordaré los casos superiores como ejemplos gráficos en las figuras 9, 10 y 11.

De acuerdo al tratado geométrico-amoroso anterior, ahora es posible una verdadera amalgama entre la ciencia de Euclides y las relaciones interpersonales. Por supuesto, este tratado es sencillo y futuros estudios pueden llevar estos postulados a la geometría hiperbólica y platónica (poliedros). Quiero hacer notar que este estudio tuvo su origen en la inexactitud del lenguaje, pero impacta de forma definitiva al concepto y descripción de las circunstancias de aquellos infieles que carecían de una clasificación adecuada para su modus vivendi.

Por último, creo que estas razones geométricas pueden aplicarse también a otros sentimientos humanos, como la amistad, la confianza y ¡Hasta la vergüenza! Sólo requiere aplicar un pequeño cambio de nomenclatura.