lunes, 25 de febrero de 2013

Del destape de una cospiración secreta, o de un apellido muy sobado

Al intervenir con algunos datos interesantes, como es mi costumbre en las reuniones sociales, noté que yo mismo poseía hechos que no me había percatado eran coincidentes. Hechos que unen a diferentes personas en diferentes momentos de la historia que no parecían tener nada en común salvo dos cosas: impacto y el apellido. Esta revelación me llevó a notar que hay muchos personajes del linaje "Romero" que han destacado por razones muy diversas ¿Cuál será el impulso detrás de estos individuos? ¿Qué los lleva a querer sobresalir y moldear el mundo que los rodea? Concluí que todos ellos son parte de una confabulación antigua, que tiene por fin último tomar el control de todo y de todos; sólo así se explica cómo dicho apellido ha tenido impacto en tan diversas áreas: social, política, artística y económica. He aquí los datos que he recopilado en defensa de mi "Teoría de la Romerización Mundial".

Nicolás Romero, el coronel: Participó activamente en la Guerra de Reforma y en la Segunda Intervención Francesa, tuvo la visión de gobernar a los hombres controlando las vías de comunicación. Por lo anterior, buscó la libertad de la patria ligeramente aderezada con una pequeña recompensa: quería el control de las calles. Supongo que en la actualidad eso podría equivaler a ser el Secretario de Comunicaciones y Transportes, o tener los derechos de las vías de tránsito para controlar desde el movimiento de productos hasta los lugares que visitan los sociales y los ociosos. Sin embargo, su plan no cristalizó según su deseo, ya que fue fusilado antes de concretar su verdadera misión; no obstante, algo logró. El coronel Nicolás Romero es a quien conocemos sólo nominalmente por la famosa calle "Coronel Romero", de la cual hay una unidad en sendas ciudades mexicanas.

Viuda de Romero: Esta mujer tuvo la genial idea de conquistar al mundo a través del tequila y la sangrita. Esto tiene mucho sentido, ya que requiere menos esfuerzo aprovecharse de la mente de los etílicamente confundidos; uno podría nombrarse su gobernante, representante legal, albacea, incluso pareja o pariente. Claro que este plan topa con pared por aquellos que, ante los influjos dionisíacos, con más dados a los contumaz, la necedad y el terqueo, impidiendo cualquier avance en el terreno de lo económico y familiar; sin mencionar a los que prefieren el vodka, el ron, el brandy o la abstinencia.

Romero de Castilla: Este gachupín fue el primer ibérico en comerciar con el Rosmarinus officinalis, que posiblemente encontró en las islas Canarias. Al degustar el boscoso sabor de esta hierba con papas y zanahorias, decidió comerciar con ella pensando que sus compradores quedarían "enganchados", cual auténticos adictos, haciendo todo cuanto estuviera a su alcance para lograr un siguiente manojo del aromático condimento. Supongo que su plan se arruinó cuando algunos otros, principalmente mercaderes de la Boloña, entraron a la competencia comercial. Aún así, su plan era brillante, ya que el camino más corto al corazón del hombre, es el estómago... Y una incisión en el espacio intercostal.


George A. Romero: Este afamado director de cine aprendió y comprendió aquel proverbio maquiavélico de "(...) el temor acompaña siempre a los hombres". La idea era crear temor en los corazones de los hombres a través de los zombies. Sí, los muertos viviente serían su herramienta para sembrar el terror, la zozobra y la angustia en los corazones de hombres, mujeres y niños. Una vez que todos estuvieran temerosos, incluso de salir de sus hogares, George A. Romero tomaría el control de la Casa Blanca. Su plan palideció cuando algunos cinéfilos, en lugar de prestar plena atención a la película, invertían su tiempo en las penumbras explorando el segundo gran misterio del universo, las mujeres. Fue así como los calenturientos pretextaron reconfortar a las asustadas damiselas, tomando un pequeño y lascivo cobro en el proceso.

Sergio Romero: Un guardameta argentino de fama en ascenso, posiblemente heredó su misión de algún pariente una vez que hurgó en su pasado. Considero que pudo haber basado la premisa de su estrategia de control global en el hecho de que, según algunos, todo el mundo voltea a ver el mundial de football soccer. Así, posiblemente tenga planeada alguna jugada que lo posicione como el delantero del dominio planetario. Habrá que esperar para atestiguar el desenlace de este ardid.

Nicky Romero: Un afamado diskjockey que, con su música, ha hecho presencia real y virtual en una gran cantidad de eventos para los amantes de la música electrónica. Tal vez en conjunto con aquella otra mentemaestra, la viuda de Romero, planean un avance a gran escala para dirigir hordas de jóvenes bailadores y etílicamente eufóricos por las calles de diferentes ciudades alrededor de todo el globo. Estas elucubraciones siguen en proceso, por lo que hay que mantener ojo y oido atentos, pero no muy atentos, que luego caeremos en su juego.

Romero Lubambo: Este jazzista brasileño ya comenzó una invasión a microescala a nuestros vecinos del norte, colocando mensajes ocultos en sus melodías. Su plan es ganar la simpatía y fidelidad de sus seguidores a través de publicidad subliminal en su música para, eventualmente, tomar el control de los incautos melómanos. Lo que ha detenido al carioca hasta este momento es que ha operado bajo una de los cánones del jazz: hay que escuchar las notas que se tocan y las que se omiten; el problema es que colocó dichos mensajes en las notas que se omiten, y ahora no está seguro de si las grabaciones contienen su propaganda subliminal o no. Aún así, guardemos las debidas precauciones al escuchar su vibrante guitarra.

Romero Britto: Otro brasileño que pretende seguir con la tradición romerezca, es este artista plástico. Con su colorido y geométrico estilo, busca sembrar un sentimiento en el corazón de aquellos que aprecien su arte; un sentimiento de pleitesía y abandono que le permita controlar moral y sentimentalmente a un grupo de críticos de arte selectos e influyentes. Con el apoyo de este pequeño grupo, Romero Britto buscará una mayor difusión de su arte, envolviendo a más y más personas en su red de alegres y bellos colores. 

Martha Romero: Esta amable mujer ha descubierto una técnica de clonación humana, que le permite alumbrar a múltiples elementos del clan Romero de una sola vez, y que estos neonatos sigan con la tarea del dominio mundial. En un experimento realizado en 1988, esta prolífica mujer fue capaz de traer al mundo a unas trillizas, añadiendo tres elementos más al ya muy diversificado clan Romero. Habrá que esperar a que este trío haga lo suyo para alcanzar el dominio global, pero el cotilleo dice que una está en el negocio del control de la información y otra ha establecido un frente de avance en el Canadá.

Así que, no se confíe, que hasta este momento los Romero no hayan alcanzado su meta no significa que el día de mañana el presidente, diplomáticos, directores, maestros, o incluso, su pareja, no formen parte de esta conspiración milenaria. Yo hago lo propio y tengo a una Romero muy bien vigilada.

viernes, 22 de febrero de 2013

Sobre la ubicuidad fantasmagórica, o dónde quedó el muertito.

Cierto día atestigüé a una pareja joven buscar hogar. Recorrieron diversas casas, analizando desde la calidad de sus cimientos, hasta la sensación térmica en el interior, sin dejar de lado el rumbo, costo y amplitud. Cuando se encontraban en domicilio que conjuntaba un cohorte de los requisitos demandados, la joven pareja se dispuso a trabar una oferta seria. El representante de bienes raíces mostró una rubicunda sonrisa cuando supo que había unos posibles compradores para el inmueble; comenzó lo que evidentemente era el preludio de un ardid: Enumeró cada una de las bondades de la residencia, desde la fineza de los acabados hasta la cercanía de tienduchas de abarrotes. Cuando terminó la retahíla de virtudes comentó la nimiedad de que el último dueño utilizó la casa a manera de geriátrico. El elemento femenino de la pareja incurrió "¿Cuántos viejitos había?", "unos cuantos, tal vez 9 o 10" contestó de inmediato el representante. La siguiente pregunta no se hizo esperar "y... ¿Cuántos murieron aquí?". La angustia se arrellanó en el rostro del vendedor y hubo una reticencia a tocar abiertamente todo el asunto; la pareja se agobió, el representante hacía lo posible para salir del apuro, y todos se fueron con un mal sabor de boca (pero no era sabor a viejito, sino a decepción).
Comencé a reflexionar sobre cómo se ajaron todos los involucrados ¿Qué fue lo que una aceptable mansión perdiera todas sus virtudes abruptamente? ¿Cuál es el motivo ulterior que provoca a los vivos no querer residir donde han fenecido los muertos? Mi primera hipótesis fue: el temor a los fantasmas.
Desde tiempos inmemoriales, la muerte despierta en los vivos todo tipo de respuestas; desde los instintos de supervivencia hasta curiosidad y morbo. Las usanzas de diversas naciones y religiones nos exhortan a dar espacio, respeto y hasta temor, a aquellos cuyo metabolismo alcanzó el equilibrio. Si alguien nos diera a elegir entre vivir en la casa donde alguien ha muerto de forma trágica, a un hogar donde ningún deceso se ha registrado, la mayoría escogería la segunda opción. Empero, tengo algunas dudas respecto a las manifestaciones estigias. Quiero aclarar que no discuto la existencia de la vida más allá de la muerte, lo que cuestiono son detalles operacionales, digamos, preconcepciones que las personas tenemos a este respecto y que no me son claras del todo. Así, he divido esta discusión en tres argumentos fundamentales para que los expertos, los fervientes y los entremetidos discurran por igual.

Imaginemos a Faustino Calavero, hombre ejemplar, de excelente prosapia y honorable prestigio. Un día por la noche acude a escuchar misa de 8pm en el templo de la Inmaculada Concepción, en la misma ciudad donde Faustino Calavero radica, pero al extremo opuesto. Don Faustino compra una bolsa de cotufas y las come mientras cruza la calle para subir a su auto. Entretanto, un aguerrido e intrépido repartidor motorizado de alimentos pasa raudo a su lado, espantándole a Don Faustino hasta el Espíritu Santo. Don Faustino, representante de las buenas costumbres viales, levanta el brazo en franca mentada y grita imprecaciones furibundas al motociclista, con la boca rebosante de palomitas de maíz. La desgracia no se hace esperar, y Don Faustino aspira una de los granos hasta el pulmón, comienza a ahogarse y en segundos, después de agitados ademanes y púrpuras muecas, cae de bruces al suelo, fulminado. Discutamos:


1. ¿Los fantasmas aparecen en el lugar en que murió la persona?


Digamos que el espíritu mohino de Don Faustino penará entre ambos mundos ¿Su fantasma se aparecerá donde ha muerto? Esto es, a media calle. O ¿Su fantasma aparecerá en el panteón, dónde se encuentra la cripta familiar de los Calavero? Aclarar este punto es de vital importancia ya que, si los fantasmas aparecen en el lugar dónde los vivos pasaron a mejor vida, entonces los hospitales, geriátricos, campos de guerra, curvas peligrosas y de escaso peralte, estarán infestados de fantasmas, mientras que los cementerios no deberían tener ninguno. Esta idea nos pone en un verdadero predicamento, ya que, si todo ser humano fenecido es potencial fuente de espectro, podemos hacer un cálculo sencillo:
- La cantidad de personas que se estima ha vivido desde la aparición del ser humano es de aproximadamente 108 000 millones de personas (según el "Population Reference Bureau"), 
- La superficie habitable de la Tierra es 105.5 millones de Kilómetros cuadrados.
- Si dividimos la cantidad de personas que han vivido, entre la superficie disponible para que hayan habitando, encontramos por cada 976 metros cuadrados debió morir una persona. Esto es, que si estamos sentados en el comedor de nuestra casa, hay una probabilidad de que a 15 metros de dónde estamos, una persona murió, ¡Dondequiera que nos encontremos! Ahora, si quitamos la superficie de la Tierra donde no habitan personas, donde no podemos acceder e involucramos la densidad poblacional, resulta que este número puede disminuir a la mitad. Quiero decir, cada 10 pasos o menos, encontraremos el lugar donde alguien ha muerto ¡Esto es un hervidero de espectros!

2. ¿Los espíritus penan en el lugar en que se ubica su cadáver?

En la otra perspectiva, si Don Faustino Calavero aparece dónde se localiza su cadáver ¿Por qué habría fantasmas en los hospitales, geriátricos, casas y demás lugares de ésta índole? Y ¿Qué pasa con aquellos que cuyos cuerpos han sido cremados y las cenizas se esparcen? ¿Aparecen en todo lugar? O ¿Aparecen donde la mayor cantidad de cenizas cayó?

3. ¿Cuál es la duración de un espectro?

Mi intriga es que no he sabido que actualmente se atestigüen apariciones del fantasma de un cavernícola ¿Qué conjunto de condiones dictan la caducidad de una aparición? Y en esta misma dirección ¿Los fantasmas mueren? Y si lo hacen, ¿Se les llamaría "refantasmas"? Y ¿Los refantasmas asustan a los fantasmas?

Dado lo anterior, creo que angustiarse por cohabitar el espacio donde hubo un fallecimiento, estiramiento de pata o colgada de tenis, parece no tan importante, ya que o tendríamos que dar por hecho que hubo más muertes a metros de distancia nuestros en todo lugar (postulado 1) o podemos estar seguros de que las apariciones existen en un espacio confinado donde sólo perturban a los veladores y aventurados (postulado 2). Por último, ninguna de las anteriores importa, sólo hay que esperar que ese sello de caducidad en la frente del inmaterial invasor pierda su vigencia (postulado 3) y tendremos una zona libre de apariciones. Todo arreglado para los nuevos buscadores de hogar.