Nicolás Romero, el coronel: Participó activamente en la Guerra de Reforma y en la Segunda Intervención Francesa, tuvo la visión de gobernar a los hombres controlando las vías de comunicación. Por lo anterior, buscó la libertad de la patria ligeramente aderezada con una pequeña recompensa: quería el control de las calles. Supongo que en la actualidad eso podría equivaler a ser el Secretario de Comunicaciones y Transportes, o tener los derechos de las vías de tránsito para controlar desde el movimiento de productos hasta los lugares que visitan los sociales y los ociosos. Sin embargo, su plan no cristalizó según su deseo, ya que fue fusilado antes de concretar su verdadera misión; no obstante, algo logró. El coronel Nicolás Romero es a quien conocemos sólo nominalmente por la famosa calle "Coronel Romero", de la cual hay una unidad en sendas ciudades mexicanas.
Viuda de Romero: Esta mujer tuvo la genial idea de conquistar al mundo a través del tequila y la sangrita. Esto tiene mucho sentido, ya que requiere menos esfuerzo aprovecharse de la mente de los etílicamente confundidos; uno podría nombrarse su gobernante, representante legal, albacea, incluso pareja o pariente. Claro que este plan topa con pared por aquellos que, ante los influjos dionisíacos, con más dados a los contumaz, la necedad y el terqueo, impidiendo cualquier avance en el terreno de lo económico y familiar; sin mencionar a los que prefieren el vodka, el ron, el brandy o la abstinencia.
Romero de Castilla: Este gachupín fue el primer ibérico en comerciar con el Rosmarinus officinalis, que posiblemente encontró en las islas Canarias. Al degustar el boscoso sabor de esta hierba con papas y zanahorias, decidió comerciar con ella pensando que sus compradores quedarían "enganchados", cual auténticos adictos, haciendo todo cuanto estuviera a su alcance para lograr un siguiente manojo del aromático condimento. Supongo que su plan se arruinó cuando algunos otros, principalmente mercaderes de la Boloña, entraron a la competencia comercial. Aún así, su plan era brillante, ya que el camino más corto al corazón del hombre, es el estómago... Y una incisión en el espacio intercostal.
George A. Romero: Este afamado director de cine aprendió y comprendió aquel proverbio maquiavélico de "(...) el temor acompaña siempre a los hombres". La idea era crear temor en los corazones de los hombres a través de los zombies. Sí, los muertos viviente serían su herramienta para sembrar el terror, la zozobra y la angustia en los corazones de hombres, mujeres y niños. Una vez que todos estuvieran temerosos, incluso de salir de sus hogares, George A. Romero tomaría el control de la Casa Blanca. Su plan palideció cuando algunos cinéfilos, en lugar de prestar plena atención a la película, invertían su tiempo en las penumbras explorando el segundo gran misterio del universo, las mujeres. Fue así como los calenturientos pretextaron reconfortar a las asustadas damiselas, tomando un pequeño y lascivo cobro en el proceso.
Sergio Romero: Un guardameta argentino de fama en ascenso, posiblemente heredó su misión de algún pariente una vez que hurgó en su pasado. Considero que pudo haber basado la premisa de su estrategia de control global en el hecho de que, según algunos, todo el mundo voltea a ver el mundial de football soccer. Así, posiblemente tenga planeada alguna jugada que lo posicione como el delantero del dominio planetario. Habrá que esperar para atestiguar el desenlace de este ardid.
Nicky Romero: Un afamado diskjockey que, con su música, ha hecho presencia real y virtual en una gran cantidad de eventos para los amantes de la música electrónica. Tal vez en conjunto con aquella otra mentemaestra, la viuda de Romero, planean un avance a gran escala para dirigir hordas de jóvenes bailadores y etílicamente eufóricos por las calles de diferentes ciudades alrededor de todo el globo. Estas elucubraciones siguen en proceso, por lo que hay que mantener ojo y oido atentos, pero no muy atentos, que luego caeremos en su juego.
Romero Lubambo: Este jazzista brasileño ya comenzó una invasión a microescala a nuestros vecinos del norte, colocando mensajes ocultos en sus melodías. Su plan es ganar la simpatía y fidelidad de sus seguidores a través de publicidad subliminal en su música para, eventualmente, tomar el control de los incautos melómanos. Lo que ha detenido al carioca hasta este momento es que ha operado bajo una de los cánones del jazz: hay que escuchar las notas que se tocan y las que se omiten; el problema es que colocó dichos mensajes en las notas que se omiten, y ahora no está seguro de si las grabaciones contienen su propaganda subliminal o no. Aún así, guardemos las debidas precauciones al escuchar su vibrante guitarra.
Romero Britto: Otro brasileño que pretende seguir con la tradición romerezca, es este artista plástico. Con su colorido y geométrico estilo, busca sembrar un sentimiento en el corazón de aquellos que aprecien su arte; un sentimiento de pleitesía y abandono que le permita controlar moral y sentimentalmente a un grupo de críticos de arte selectos e influyentes. Con el apoyo de este pequeño grupo, Romero Britto buscará una mayor difusión de su arte, envolviendo a más y más personas en su red de alegres y bellos colores.
Martha Romero: Esta amable mujer ha descubierto una técnica de clonación humana, que le permite alumbrar a múltiples elementos del clan Romero de una sola vez, y que estos neonatos sigan con la tarea del dominio mundial. En un experimento realizado en 1988, esta prolífica mujer fue capaz de traer al mundo a unas trillizas, añadiendo tres elementos más al ya muy diversificado clan Romero. Habrá que esperar a que este trío haga lo suyo para alcanzar el dominio global, pero el cotilleo dice que una está en el negocio del control de la información y otra ha establecido un frente de avance en el Canadá.
Así que, no se confíe, que hasta este momento los Romero no hayan alcanzado su meta no significa que el día de mañana el presidente, diplomáticos, directores, maestros, o incluso, su pareja, no formen parte de esta conspiración milenaria. Yo hago lo propio y tengo a una Romero muy bien vigilada.