Los infantes son criaturas
extraordinarias, de un pragmatismo admirable. Los párvulos gustan de divertirse
en grupo y, como en toda convivencia, el diseño y acatamiento de normas es
necesario para mantener la armonía. Así, dos actividades altamente socorridas
en estas tertulias deben ser estipuladas en procedimientos generalizados que
aseguren la equidad entre los participantes; estas actividades son: la
cronometría verbal y un sistema de selección aleatoria.
1. Cronometría verbal.
Una herramienta sumamente
útil para la mayoría de nosotros es el tiempo. No hablo del tiempo como la
cuarta dimensión, lineal, intransigente y relativo a la velocidad; hablo del
mundano y vulgar concepto del horario; las horas, los minutos y,
particularmente, los segundos.
¿En qué ocasiones resulta
útil medir los segundos? Bueno, más allá de las competencias (como en los 50m
estilo libre en natación donde 0.03 segundos deciden al ganador) y de los
registros para establecer records mundiales (como romper 40 sandías con la cara
en 58 segundos), hay situaciones donde es
útil medir el tiempo sin necesidad de observar un reloj, por ejemplo: generar
un periodo de gracia para ocultarse, determinar la velocidad de respuesta de un
adulto ante un desmán, tomar un descanso entre series durante el ejercicio
físico (30-40seg), mezclar en un vortexeador mecánico muestras de laboratorio
(3-150seg), estimar la velocidad con que viene un auto en la carretera (1km en
30-40seg), entre otras.
De aquí la utilidad de
medir el tiempo soslayando el uso de un dispositivo cronométrico,
preferentemente en segundos. Una estrategia es utilizar una frase/palabra entre
los numerales de los segundos, que tome aproximadamente 1 segundo en decirse;
un ejemplo es "mil ciento". El ejercicio es sencillo, para contar
cinco segundos, uno recitará: mil ciento uno mil ciento dos mil ciento tres mil
ciento cuatro mil ciento cinco. Nótese que, aún cuando he enumerado elementos,
no he agregado comas entre ellos, esto es por la forma en que deberá leerse la
fórmula, de corrido, sin pausas. Esta fórmula es útil, hasta que se los
numerales comienzan a ser más largos de dos sílabas, es decir, sólo sirve hasta
el quince. A partir del dieciséis, los números son de tres o más sílabas y la
fórmula comienza a desfasarse de la cronometría de los segundos; esto es, rezar
mil ciento cincuenta mil ciento cincuenta y uno mil ciento cincuenta y dos mil
ciento cincuenta y tres mil ciento cincuenta y cuatro mil ciento cincuenta y
cinco toma 6.34 seg y no 5 seg, ergo, la fórmula se ha arruinado. Cuando se
cuenta hasta el minuto (60 seg) esta fórmula se desfase hasta por 13 seg, es
decir, contamos minutos de 73 seg, que nos inducirá a un cálculo
devastadoramente erróneo.
Una nueva estratagema ha
de diseñarse. Una aproximación es contar únicamente hasta el treinta y volver a
empezar, tantas veces se necesiten para llegar al tiempo que se necesita, pero
esta doble cuenta mental puede inducir errores. Otra aproximación es mantener
el número de sílabas cercano a una constante, digamos 5, por ser las contenidas
en la fórmula "mil ciento uno". Así, tomemos una frase que pueda
recortarse sin perder mucho sentido como "amaré al", y apliquemos
según el número de sílabas que tenga cada número:
- amaré al uno amaré al
dos amaré al tres, ya que estos tienen una o dos sílabas.
- amaré once amaré doce
amaré trece, ya que tienen dos sílabas.
- ama veintiuno ama
veintidós ama veintitrés, ya que tienen tres sílabas.
- a treinta a treinta y
uno a treinta y dos a treinta y tres, porque son largos de decir, aún teniendo
tres silabas.
- cuarenta y uno cuarenta
y dos cuarenta y tres, ya no requieren sílabas adicionales porque son muy
largos.
¡¡Pero todo esto es muy
confuso y totalmente impráctico!! la simpleza y facilidad de contar los
segundos verbalmente se pierde de tajo cuando se intenta un sistema tan
complejo.
Sin embargo, para los
contadores verbales de todo el mundo, hay una opción. El conteo verbal se hace
muy preciso en otros idiomas, sépase que no es el francés, el koreano y mucho
menos el alemán. Es el idioma nativo de H.P. Lovecraft, el manido y
comercializado inglés. Verán, mis vecinos del norte tienen numerales de dos o
tres sílabas, muy constantes, y usualmente utilizan la fórmula del
"Mississippi". Así, el conteo de los segundos verbales se hace muy
homogéneo al contar en inglés:
- one Mississippi two Mississippi three Mississippi
- eleven Mississippi twelve Mississippi thirteen Mississippi
- twenty Mississippi twenty one Mississippi twenty
two Mississippi
- fifty Mississippi fifty one Mississippi fifty
two Mississippi
Fascinantemente, el conteo
de los segundos verbales en este sistema es bastante exacto, y permite llegar
al minuto sin problemas.
El koreano es otro idioma
candidato para el conteo de numerales, ya que sus números suelen pronunciarse
en dos o tres sílabas, el inconveniente es que no es tan popular en la
población común como para que su uso se popularice.
2. Sistema de selección
aleatorio
La selección aleatoria es
un procedimiento común cuando un elemento o persona ha de ser elegido dentro de
un conjunto. Esta selección puede tener connotaciones positivas (como ser el
primero en consumir algún alimento) o negativas (como el que será el
"salero"). En cualquier caso, el diseño del experimento aleatorio es
deseable porque genera la atmósfera de equidad que promueve la armonía en el
grupo.
El sistema de selección
aleatoria que más concurre entre los párvulos es el denominado "de tín
marín". Este proceso de selección consiste en apuntar digitalmente a cada
elemento del grupo en una sucesión congruente mientras un sonsonete de
extensión variable se recita, aquel elemento que resulte indicado cuando el
pregonero termine su cantaleta será el elegido. Si bien esta fórmula resulta en
la mayoría de las ocasiones, demostraré que es un método más bien
determinístico, por lo que no posee un carácter aleatorio como tal.
Los versos estriban de la
siguiente manera:
De tín marín de do pingüé,
Cúcara MácaraTítere fue,
Yo no fui Fue Teté,
Pégale, pégale que ella
merita fue.
Algunos usuarios suelen
añadir estrofas adicionales, pero se verá que este es un intento fútil por
incrementar la ilusión de aleatoriedad.
Si se observa la fórmula,
cada uno de estos versos agudos provee un número único de elementos elegibles,
quiero decir, imaginemos que se hace el procedimiento habitual y que cada
individuo en el grupo se denota con un número, y que 4 es el número total de
individuos en la selección. Al utilizar el sistema del "tin marín"
ocurre lo siguiente:
De tin, marín, de do,
pingüé,
(1)
(2) (3) (4)
Cúcara, Mácara, Títere
fue,
(1) (2) (3) (4)
Yo no fui Fue Teté,
(1)
(2) (3) (4)
Pégale, pégale que ella
merita fue.
(1) (2) (3) (4) (1)
Cada verso de este cántico
permitirá apuntar a los cuatro miembros del grupo, excepto por el cuarto verso
agudo que permite la elección de 5 miembros. Se observa que no importa cuántos
versos se digan, siempre se elegirán 4 elementos por verso y un quinto en el
último, dando un total de 17 elementos elegibles en el cántico. Así, el
elemento elegido siempre será el módulo de 17 y el número de miembros del grupo,
y el “ganón” será el residuo (módulo) de la división. La aplicación de este
análisis es directa:
-
Para un grupo de 4 miembros, el elegido será: 17/4 = 4 y sobra 1,
en aritmética modular: 17 (mod 4), el elegido será el número 1.
-
Para un grupo de 5 miembros, el elegido será: 17/5 = 3 y sobran 2,
es decir 17 (mod 5), el elegido es el número 2.
-
Para un grupo de 12 miembros, el elegido será 17 (mod 12) que es
el número 5.
Así, se revela que el
procedimiento del “tin marín” es en realidad determinístico, y quien lo realiza
puede manipular el resultado fácilmente dependiendo de dónde empiece a contar a
los miembros al iniciar el cántico. Verbigracia, un grupo de 8 participantes
desea jugar los encantados asiático-mexicanos (chinos, por aquello de las
susceptibilidades). Quien sea elegido por el contador del “tin marín” será el
que intente “encantar” a los demás. Así, si el contador comienza contándose a
sí mismo 17 (mod 8) es 1, por lo que él mismo será el elegido, cosa que tal vez
quiere evitar. Así, comenzará a contar a quien no sea santo de su devoción,
para estigmatizarlo intencionalmente, pretextando la ilusión del azar que rodea
al concepto del “tin-marín”.
Una forma sencilla y
efectiva de aportar un verdadero fondo aleatorio al proceso de selección,
recomiendo se digan todos los nombres o apodos de los presentes (sólo primer
nombre) en sílabas, seleccionando en cada una, un miembro del grupo. Por
ejemplo: Valeria, Cristina, José Luis, Héctor, Luz María y Manuel están
dispuestos a jugar al escondite. Realizará la cronometría quien resulte elegido
por el sistema de selección aleatorio. Dado que son 6 elementos, por el sistema
del “tin marín” rápidamente se sabe que el elegido será 17 (mod 6) que es el
número 5, mientras que por el sistema de los nombres, tomará más tiempo
realizar este estimado, tiempo suficiente para realizar la operación sin que se
alcance a determinar quién será el elegido de antemano, que en este caso, sería
el número 1 (Va-le-ria-Cris-ti-na-Jo-sé-Héc-tor-Luz-Ma-nuel). Recomendación
adicional: será más aleatorio y divertido si se invita a jugar un crío de quien
se desconozca el nombre.
Y habiendo reforzado las
herramientas básicas del juego infantil, les deseo felices juegos, llenos de
una metodología lógica y matemáticamente sustentada.