
Hace unos días, Carlos (Carlos Loret de Mola) me platicó (dijo en su noticiero) que había cierto gato que habitaba en un ancianato, al que llamaban categóricamente como "el gato de la muerte". Este apodo venía dado por la sencilla (y espeluznante) razón de que cuando el gato visitaba el cuarto de algún anciano de la institución, dicho anciano moría en menos de 24hrs. Obviamente los ancianos tenían pavor al mencionado gato, y ¿Quién no? Digo, es el faxímil felino de un jinete del apocalipsis, es como el cordero que reaparecerá como el león el día del juicio final... Quiero decir, ver al dichoso (o desdichado) gato será un aviso funesto, como el medidor de ataúdes que tanto les gusta poner en las películas de vaqueros, sólo que en lugar de una regla el gato carga con sus bigotes (que es con lo que miden las distancias cercanas, por cierto).
Si lo pienso fríamente, con la razón de científico que me agracia y me atormenta, hay muchas otras evidencias a considerar antes de colocar a este gato como el mayordomo de las exequias. Aquí una lista:
¿Qué porcentaje de ancianos han recibido la visita del gato en el edificio y han muerto en menos de 24hrs?
¿Cuánto tiempo lleva el gato viviendo en el edificio?
¿Cuáles son las actividades específicas del gato durante su visita? Esto porque me sería muy lógico que la gente muriera si el gato gusta de mordisquear los cables de los respiradores artificiales.
Se requiere un cultivo microbiológico y un análisis toxicológico tanto del pelo del gato como de su sangre, saliva, pelo y desechos (copro y orines).
Si todo lo anterior revelara que el gato no porta ningún parásito o bacteria potencialmente letal para el ser humano, que mínimo en el 99% de las ocaciones que ha visitado un anciano éste muere, y que no interviene con ninguno de los equipos responsables de mantener la vida de los pacientes, podría considerar la posibilidad de que realmente el gato tiene algún presentimiento sobre la muerte de las personas. Pero aún esto último podría tener connotaciones instintivas, como si el anciano moribundo está acostado todo el día, mientras que los demás abandonan sus cuartos, porque de ser así, el gato puede visitar los cuartos de los ancianos mientras no están en ellos y, obvio, se le nota al gato cuando visita a los moribundos.
Mi última propuesta recae sobre la coincidencia y la sugestión. Que tal si, efectivamente, tres ancianos a los que el gato visitó murieron al poco tiempo. Luego un rumor comenzó entre los ancianos "el otro día que Gesiana murió, ví al gato en su cuarto..." comenta un anciano de buena memoria, luego, otro bastante lúcido y paranoico dijo "¡Yo lo ví en el cuarto de Filomeno el día en que murió!" De aquí, toda una serie de teorías y temores comenzaron a circular por el ancianato, y cuando uno, enterado del terrible rumor, enferma y vé al mortuorio gato en su cuarto piensa "el gato está aquí, voy a morir" y de ahí, se deprime y, en efecto, muere. Pero esta muerte viene dada por la angustia y la sugestión.
Ahora, basta de menesterosos, pensemos en el gato. Hay que imaginar el estigma que el pobre animal carga sobre sus peludos hombros "soy aquel que lleva la muerte" o "la gente me teme porque traigo mal augurio" o peor aún "¿Los ancianos me huyen, o me tratan bien, porque pronostico su muerte o porque soy un felino casero y peludo?" Debo aclarar, de sobra sé que nada de esto pasa por la mente del gato, pero propongo esto porque así porque hace posible extrapolar la circunstancia del gato a otro ser, digamos, una persona. Pobre de aquel individuo que tuvo la mala fortuna de estar sentado en la parada del autobús cuando un bibliotecario tropezó y cayó enfrente de él (escogí esta profesión por la supuesta buena memoria de los bibliotecarios), y este mismo evento, con las mismas personas, se repite la semana siguiente. El bibliotecario recordará el rostro de nuestro individuo sentado y riendo en la parada (lo ha visto dos veces). Si el bibliotecario es suficientemente supersticioso (y paranoico) concluirá que se cae, no porque sea distraído y torpe sino, porque el individuo envía sus malas vibras y lo hace caer... O porque todos los días carga con un bote de grasa industrial y con ayuda de una brocha, engrasa la sección exacta frente al asiento de la parada para ver a la gente caer mientras espera el camión... Como fuere, la coincidencia ha creado un mal karma en nuestro sedentario individuo. La siguiente vez que el bibliotecario pase por la parada y vea a nuestro individuo sentado, le disparará una mirada fulminante y rodeará lo necesario para no pasar frente a él y, curiosamente, no tropesará porque toma otro camino. El individuo se dará cuanta de esta retorcida actitud porque esperaba el momento cómico que alegró su día las dos últimas semanas, pero luego reflexionará y tal vez piense "ese estúpido bibliotecario ya no me hizo reir hoy", pero si la sugestión es suficiente, por la asesina mirada del bibliotecario, pensará "tengo la capacidad de hacer tropezar a las personas" o "soy un peligro para los demás". Sé que esto es un caso extremo y fríbolo, pero esclarece el punto; la sugestión es peligrosa no sólo para quien la tiene, sino también para quien la provoca.
Creo que esto nos ha sucedido a todos. Es como el alumno que dice "ese profesor me reprobó" en lugar de decir "no estudié lo suficiente"; o la mujer que dice "siempre me tocan novios maltratadores e infieles" en vez de decir "no sé escoger a mis parejas"; o decir "los mosquitos siempre me pican" por no pensar "debería ponerme repelente". En fin, hay un sinnúmero de ejemplos que nos permiten justificarnos por nuestras propias sugestiones, y en ocaciones, garrafales aberraciones.
Como nota, a los pocos días de que el gato asesino apareció en mi televisor, una tía muy querida murió.
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