Mauricio Garcés entró temprano a mi vida al igual que El Santo, Blue Demon y Tin Tán. La diferencia fue que en el "zorro de plata" no fuí capaz de apreciar su gran legado a esa temprana edad; fue hasta estos últimos años. Mi pequeña pleitecía no estriba en la cantidad y calidad de mujeres que era capaz de conquistar en sus películas, más bien viene por su asombrosa capacidad de ser siempre elegante, medio delicado, sofisticado y hasta un tanto inocente. Después de una larga búsqueda pude, por fin, hacerme de una pequeña colección de sus películas, así como lo hice con aquellas de "El Santo", y estos días me he dedicado, en los ratos libres que el hurón y la ciencia me regalan, a su estudio y contemplación. Es relativamente fácil entender sus procederes, sin embargo es complétamente complicado adivinar sus ráfagas de verborrea y sus lisonjas ante los monumentos femeninos que se enfrenta; no siempre sale triunfante, no siempre conserva su cabello perféctamente engomado y su infalible cigarro, pero lo que sí es cierto es que siempre logra sorprenderme y darme una lección de la capacidad del hombre (como género) para lograr entrar en el corazón de la respectiva dueña de nuestros desvelos, y dentro de esto, lo que más me asombra es que, teniendo en mente de que son películas, el final feliz puede lograrse a pesar de todas las tribulaciones y tonterías que, irremediablemente, uno comete. Creo que ahí es donde está la verdadera ficción de su cinematografía, la ficción de que "el amor triunfa", "el amor verdadero perdura y todo lo perdona" y por último "aquella que te quiere, hará lo necesario para tenerte".
Siendo yo un experto en ficción, dado mi largo camino por sus diferentes autores y directores, puedo decir que la mayor ficción del mundo es el "amor verdadero". A tientas, me parece que es como el monstruo del lago Ness: Nadie lo ha visto pero todos hablan de él, parece que hay evidencia pero ninguna es conclusiva y, sobretodo, nos gusta pensar que está ahí para mantener un pequeño grado de misticismo en nuestras vidas. Sé que todo esto suena lleno de amargura y resentimiento con la vida, pero bien dicen que: cada persona hará su chanza de acuerdo a las propias vivencias en el carnaval (cada quien habla como le vá en la feria).
Mi propia experiencia me señala que no hay nadie que esté dispuesto a sacrificar algo, que nadie está dispuesto a dejar de lado a su propia persona (o los demás) por poner como prioridad una relación buena y estable, y, sobretodo, nadie va a meter las manos al fuego por lo que el otro cree. Curiosamente, de esto último, es de donde se expide la mayor ficción de la trilogía de "The Matrix" ya que Trinity sacrifica todo por creer lo mismo que cree Neo... Esto es lo que hace más ficticia a la película que todo lo demás.
Sé que este pensamiento choca, sobretodo para los enamorados, pero creanme que hablo con la verdad, y aquellos que estén dispuestos a negarme la voz de la razón, que me exponga la evidencia de su amor verdadero, y hablamos en un par de años.
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