viernes, 4 de junio de 2010

Anquipanegírico

Recuerdo el día que te fui a buscar. Yo no estaba muy convencido de tenerte, pero serías una sorpresa para alguien más. Cuando te cargué, quisiste meterte en la manga de mi suéter, tenías tu “antifaz” y eras tan pequeño. Te compré con todo el kit, desde jaula hasta juguete, y libros para saber cómo cuidarte. Recuerdo que nunca supiste para qué era el sustrato de tu jaula, y jugabas y te revolcabas en él. Recuerdo como inmediatamente detectabas algo nuevo en nuestro cuarto, y lo olisqueabas, mordías, y robabas o ignorabas. Recuerdo que siempre fuiste juguetón, curioso, travieso y odiabas los pies. Recuerdo cuando empezaste a darme besitos; el libro decía que era como tú demostrabas tu afecto, limpiando al otro con tu lengua, que me dejara porque si no te sentirías. Recuerdo tu lengua rasposa, tu olor intenso y el sonido de tu cascabel. Recuerdo que cuando me fui a Arizona todo se descubrió, nos queríamos tú y yo por sobre nadie más. Recuerdo que te quedaste huérfano de madre, y nos quedamos yo contigo y tú conmigo. Así seguimos. Recuerdo que te acercabas y pedías que te correteara. Recuerdo que te robabas la despensa y la almacenabas debajo de la cama para ese invierno que suponías infinito y que nunca llegó. Mi príncipe peludo. Recuerdo tus cuidados cuando me enfermaba, el único que me cuidaba de la gripe, del mareo, de la alergia, del mal del corazón (el real y el figurado).


Aprendí de ti la perseverancia, que no importa qué tan pesada sea una bolsa de botanas o un pan en bolsa, insistencia y una fugaz escapada para tomar agua, hacían que lo lograras. Aprendí que la curiosidad no mató al gato, pero hacía que al hurón se le atorase la cabeza en el cesto de la ropa; aprendí a rascarme la cabeza, y a no andar sin calcetines o pantuflas. Aprendí a tener siempre cerrada la puerta del baño, y a extrañarme ante el silencio, calma que antecede a la travesura. Aprendí que nos teníamos el uno al otro, a hacer piyamadas interespecie (mustélido-humano), aprendí que aún estando yo harto y cansado, tú me esperabas con emoción y que, aún cuando te gustaba más explorar, brincar y subir y bajar, requerías un periódico abrazo que pedías poniéndote en mis pies. Aprendí a nombrar cosas y personas; a todo y todos nos daría significado tu lexema: Anquipapá, anquicomida, anquipapel, aquilimpiador, anquipremios, anquicollar, anquicamita; incluso tú mismo: anquisaurio, anquipeludo, anquipríncipe, anquigordito; y la medida de tu emoción era tu ronquidillo mientras brincabas y el esponjado de tu cola. Aprendí que el hogar, es donde estábamos tú y yo.


Extraño que llegues a morder mis pies cuando salgo de bañarme o cuando me quedo acostado en la mañana. Extraño buscarte cuando te quedabas dormido quién sabe en dónde. Extraño despertar en la madrugada por el ruido que hacías cuando a tu botella no le salía agua. Extraño apartar tu zucarita, la más grande, y ver cómo te la comías emocionado. Extraño llegar y que despiertes. Extraño acariciarte. Extraño bañarte y que no te guste que te cepille el pelo. Extraño cuidar a las macetas de tus arranques escarbadores. Extraño como el cuarto se sentía más cálido sólo porque tú estás. Extraño platicarte cosas. Extraño que te acercaras a la computadora y que pisaras el teclado. Te extraño.


Aún no creo que ya no estás. Me pareció salido de un cuento de Saramago o de García Márquez que el día en que te perdí, tuviera que estar en el funeral de alguien más. Más ficticio aún, que murieras el día de mi santo (corpus christi). Suena falso como empezó a decaer tú energía, y que yo lo achacara a tu edad y no a ese tumor. También me parece irreal que está tu jaula, tu cama, tu plato, tu comida, tu túnel, tu papá (yo), y lo único que falta, eres tú. También es inverosímil como me duele que ya no estés, y lo ridículo que es deprimirse porque muere una mascota. Parece increíble que sigo cuidando mis pies, y que sigo volteando a ver tu cama cuando salgo del cuarto. Suena imposible que sienta que mi vida será diferente sin ti.





Anquilosante (2005-2010)

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Enriquece esta entrada.