Capítulo 1
Hace unos días encontré una araña en mi cuarto; era de aquellas botijotas, muy brincadoras y de patas cortas. El arácnido se deslizaba ágilmente sobre la puerta del baño, buscando el suelo. La descubrí por accidente porque estaba en busca de algo que ahora no recuerdo, y decidí dejarla ser. La experiencia me ha enseñado a respetar la vida, y en general, no suelo matar insectos (ni comer carne). Imagino ponerme en la situación de bicho, cubriendo con el redaño la circunstancia social, los motivos y provocaciones del insecto, arácnido o artrópodo en cuestión. Sería algo así:
- - A un padre de familia, alopécico y anodino, se le ha encomendado la sencilla, pero importantísima tarea de recoger (y pagar, obviamente) el vestido quinceañero para su hija. Se le indicó que se trataba de un vestido morado bituminoso, con 8 crinolinas de colores removibles y de corte “strapless”. El patriarca no conoce la ubicación de la tienda, pero le han provisto de un esquema que muestra el camino. Por algún error simple de orientación, da una vuelta equivocada y se siente perdido; mira a su alrededor con angustia, comienza a buscar el camino de regreso y no lo encuentra. Han pasado 20 minutos, que parecieran horas y comienza a pensar en las repercusiones funestas de que el vestido llegase tarde, la ira de la infanta, la mirada de decepción de la madre, la horrible culpa propia y la frustración de no poder seguir un simple mapa… De pronto atina al vislumbrar el lugar donde erró la vuelta, y se apresura a retomar su camino, la sonrisa vuelve a su rostro y comienza a apresurarse más, los malos pensamientos se extinguen y el alivio comienza a expandirle el pecho cuando un zapato enorme de 25 toneladas cae, dejándolo tan plano como un burro de planchar.
- - Un serio y moderadamente obeso oficinista camina por la calle entrada la noche. Viene de regreso del trabajo y está cansado, pero no tanto como para omitir algo sospechoso… Una sombra lejana le asusta ¿Quién será? ¿Me querrán asaltar? Con la inseguridad y eso, y hoy que fue quincena ¿Un secuestro exprés? Pero debo pagar la renta mañana, y la medicina… No, caminaré tranquilo, pero un poco más deprisa, sin llamar la atención, tal vez se alejen, o me ignoren, si todos me ignoran, en la oficina el Lic. Patiño lleva 6 meses diciéndome “Roberto”, y en la secundaria, cuando quise platicar con Catalina me preguntó que de qué salón era, cuando siempre le hacía la tarea de computación, sí, todos me ignoran, no pasa nada, no pasa nada, sí, eso… ¿Qué? Ya se fue… ¡Uf! ¡Que alivio! Y justo cuando llegué a la puerta de la casa. El oficinista, después de ese revelador monólogo, entra a su hogar haciendo el llamado que acostumbre, yo elijo el “¡Ya lleguéeeee!”. La familia gustosa aparece para saludarle y prepararse para la cena. Las risas y las quejas del día aparecen, una pequeña tertulia toma lugar cuando una siseo ensordecedor sofoca el bullicio, así como a toda la familia, con un tóxico gas que los hace toser hasta morir.
- - Una madre despide a su prepúber hijo, antes de que salga a jugar con los compañeros de la cuadra. La señora ha visto salir al crío un sinnúmero de veces y regresa a sus labores. El chamaco ve a los amigos y después de un ritual incomprensible de saludos juveniles, se disponen a haraganear por la cuadra. Uno de los escuincles arrebata su cachucha otro y comienza la carrera, los demás ríen desde su lugar mientas los otros dos corren y giran un detrás del otro y una enorme reja cae tan rápido del cielo que ninguno de los dos alcanza ni a reaccionar. Los amigos se quedan fríos y pálidos y antes de que puedan hacer nada, la reja se ha levantado y los ha aplastado a ellos también.
Capítulo 2
En cierta ocasión, salía de una larga jornada del laboratorio. Me dirigí a mi automóvil (el único en el estacionamiento, gracias) y descubrí que en la ventanilla, del lado del conductor, se encontraba un coccinélido negro con motas doradas (una catarina). Estaba quieto, imperturbable, adherido al vidrio y me pareció inoportuno molestarlo. Supuse que al abrir y cerrar la portezuela, el sujeto volaría. No fue así. Esta yo sentado, lazado, listo para arrancar y el bicho no se había movido. Pensé "bajaré la ventanilla, y el volará" pero mi polisón estaba muy arriba, y al bajar el vidrio podría volar hacia adentro del auto (una cosa es que no lo quiera asustar y otra es que lo quiera adoptar). Resolví que al arrancar la marcha, el viento haría lo propio y lo desprendería sin mayor problema. Tomé la ruta que siempre manejo para dirigirme al lugar en el que me estaba hospedando y, aún siendo una ruta rápida, la mariquita no se desprendió. Cuando llegué a mi destino, mi multípodo amigo seguía en su misma posición.
Una vez fuera del auto pensé ¿Deberé darle albergue, en una botella o algo, y regresarlo a su lugar de origen mañana? Está muy lejos de su hogar, tardará mucho en regresar ¿Qué tal si su deseo era explorar otros lugares? ¿Y si hay escasez de trabajo o alimento en su zona, y decidió migrar?¿Estará buscando el sueño "insectano" yendo a "chambiar al otro lado"? Los motivos que había impulsado a la chinita a viajar conmigo, aparecieron en mi mente como la cola de un pavo real. Decidí darle la opción. Me dije que si al volver mañana al auto, la vaquita de San Antonio seguía allí, la llevaría de vuelta.
Meditabundo, realicé una serie de sencillos cálculos, para determinar la distancia (a proporción con una persona) que había viajado el sarantontón y el resultado fue que el polizonte viajó a mis costillas poco más de 1600Km. A esta distancia, equivale a que una persona hubiese viajado de San Luis Potosí a alguno de los siguientes destinos:
- En EE.UU.: Dallas (Texas), Arkansas, Mississippi, Lousiana, Oklahoma, Nuevo México, Tucsón (Arizona).
- En México: El pinacate (Sonora), Isla Navidad (B.C.N.).
- En Cuba: Pinar del Río.
- En Honduras: Tegucigalpa.
- En Salvador: San Miguel.
Toda la evidencia apuntaba a que bicho, de hecho, se fue de mojado; agarrándome de su coyote. Al día siguiente me presenté frente a mi vehículo y busqué al insecto viajero para ayudarlo a volver al sitio donde alguna parte de su travesía comenzó. Él no apareció.

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