miércoles, 14 de noviembre de 2007

De la liberación de una maldición con otra, o el caso de otro matrimonio inter-especies.

Gracias a mi hija, la prin (apócope de princess), he estado reincidiendo en la lectura de cuentos de Christian Hans Andersen y de los hermanos Grimm. De un gusto oscuro y fatalista, el primero, y de un humor romántico y existencialista, los segundos, estos cuentos contienen la temática recurrente de las maldiciones y encantamientos. Diversas princesas y príncipes han sido víctimas de numerosos sortilegios, maldiciones, transformaciones animales y maltratos por sus padres o parientes. Siempre una maldición cae sobre la (o el) protagonista, y se le obliga a realizar las andanzas más absurdas en pro de su liberación de las garras ociosas y malosas de alguna bruja o algún enano.

Cierto es que en el mundo de la fantasía literaria infantil, la diversidad de formas para librarse de la terrible magia que azora a los bondadosos y bellos, despierta la inteligencia, la creatividad y la capacidad de mofa; este último es el caso de mi hija.
La estructura general de estos cuentos es: Un bella, una princesa ó un príncipe, son víctimas de una maldición por una acción irreflexiva o simplemente por la envidia de alguna hechicera (nótese que por lo general son mujeres); el o la protagonista sufre la maldición por años, y son liberados por algún incauto que busca casorio. Así de idónea como suena esta sintaxis para el mundo de la fantasía, suena aberrante para el mundo real.

Digo, no es que no existan príncipes, los enanos o los jorobados, o que no haya princesas o mujeres que parecen brujas; a lo que voy es al hecho mismo de la maldición y la liberación de ésta con algún acto estrafalario y frívolo... Pero para mi sorpresa, hoy me he enterado de que un hombre en la India contrajo nupcias con una perra (un ejemplar de la raza canina, no una mujer de malas mañas) so pretexto de contrarrestar una maldición que lo aquejaba desde que había arrancado la vida a dos perros (nuevamente hablo de canes, no de malos hombres) 15 años atrás en un arrozal. De aquí lo absurdo: para liberarse de una maldición, el indú, contrae matrimonio (otra maldición). En el sentido lógico, ahora es maldito por partida doble y, quizás, hasta miserable; a menos que el encanto de los cuentos entrara en acción y contrarrestara la primera maldición con la segunda.


A mi parecer, Selvakumar (el ahora marido de la perra) quedó atrapado en el mundo donde nuestras desgracias personales pueden atribuirse al "mal de ojo", el mismo lugar donde también es posible convertir a 12 hermanos en cisnes (
Andersen, 1838) o en cuervos (Grimm et al., 1884) y regresarlos a su estado original con 7 años de silencio y doce camisas (menos una manga) tejidas a mano.

Selvakumar afirma que desde que lapidó a los dos perros hace quince años, sufre de parálisis, sordera y mudez, y que ante la incapacidad de la ciencia médica recurrió a un astrólogo, el cual dijo: Los fantasmas de los perros han regresado para maldecirte, la única forma de librarte de este maleficio es casarte con una perra... Supongo que debió ser increíblemente ameno para el astrólogo haber logrado que una persona se casara con un perro... supongo que es verdad que hay quien se divierte en su trabajo (inserte risa aquí). O que tal si en realidad el astrólogo no pudo ayudarlo y pretextó que la única solución sería que el quejoso se casara con una perra, bajo la idea de que el otro nunca lo haría y el astrólogo quedaría con su reputación impune, ya que le dijo la solución a su problema, pero nunca nadie vería los resultados, sin embargo ¡¡Tómala barbón!! (porque me imagino al astrólogo con una larga barba) Que el tipo se la cree y que se casa con la perra... Habremos de ver si de verdad se rompe la maldición, o si cierto astroanalista deberá hacer un gran reembolso...

De antemano me disculpo por lo que ahora viene, pero quise visualizar la vida en matrimonio... con una perra:

- Llega el esposo: ¡Hola amor! ¿Qué tal tu día?
- La perra responde: ... (las perras no hablan).


- El marido: ¿Otra vez croquetas para comer?
- La perra: ... (las perras no se quejan del maltrato verbal... tampoco hacen de comer).

- El marido: Vieja, tengo ganas de que vayamos al cuarto...
- La perra: ... (las perras no sienten deseos carnales por los humanos).

- Quince minutos después...
- El médico: Entonces, ¿Cómo lo mordió la perra en ese lugar y sus pantalones no estaban rotos? ¿Esta usted seguro de que los traía puestos?
- El marido: Ah, si, es que... me atacó mientras tomaba un baño en la regadera.

- El médico: Pero usted tiene el cabello completamente seco...
- El marido: No, bueno, es que... me acababa de meter a bañar y... ¡¡Ultimadamente, es mi esposa!!

Dejando atrás a Selvakumar, y a su peluda pareja, quiero proponer que, en realidad, el matrimonio inter-especies ha sido un despostillado relativamente reciente en el plato de la sociedad actual. Quiero traer a la memoria a Sharon Tendler, que en diciembre de 2005 contrajo nupcias con un cierto cetáceo de nombre Cindy, en los arrecifes israelitas. Sharon tardó 15 años en lograr su matrimonio con el delfín, y lo preparó tan eficientemente que hasta acuerdo prenupcial firmaron.

Ahora quiero ahondar en el matrimonio con un delfín:


Un delfín con un sombrero de copa, un bastón y una corbata de moño, intenta arrastrarse lejos de la playa mientras sufre arcadas y una notoria asfixia. Un hombre se acerca presuroso a ayudarlo y una mujer lo detiene y le dice:

- Déjelo, es mi marido y hoy cenaremos en mi casa.


Llega un delfín a un lugar de reunión con otros delfines, así uno dice:

- crrrrrrr ikk iiiik crrrrrrr ik ik (Traducción: ¿Qué tal tu esposa de las dos piernas?)
El otro contesta: iik kkrrrr ik ikikikiiiik crrrrik (Traducción: Estamos mal... La verdad siento que no nos entendemos.)

En un parque de diversiones acuáticas se encuentran dos amigas:

- ¡Hola, Sharon! Hace mucho que no nos vemos, ¿Qué haces por aquí?
- Vengo a visitar a mi marido al trabajo... ¡De hecho, su espectáculo va a empezar!
- ¿Quién es tu marido? ¿Ese fornido, rubio y bien parecido entrenador de delfines?
- No, es el que lo empuja por los pies para que recorra la alberca...


La suegra:
- ¿Sigue el holgazán de tu marido en su "viaje de negocios" en Orlando?
- Sí mamá. Sabes que está muy ocupado y no quiero privarlo de su éxito profesional...
- Jaja, ¿Éxito? ¿El resbaloso ese? Si de seguro se ha de andar echando clavados con la primera que el pongan enfrente y comiendo de la mano de la mujer que se acerque. Además, sólo el inútil de tu marido acepta trabajar por pescado...

Ante esta realidad, creo que el indú Selvakumar sólo quería salir en el periódico y, eventualmente, usar su matrimonio para conocer mujeres, ya que se ha propuesto que: "las mujeres dicen que el hombre casado sabe más bueno..." (Garibaldi, 2001). Por último, un amigo de Selvakumar aseguró que una vez disipada la maldición, éste contraería nupcias con una fémina real... En lo personal me pregunto qué tipo de mujer aceptaría casarse con un hombre que tiene una perra por exesposa (reitero, un can, no una mala mujer).

domingo, 16 de septiembre de 2007

Del asesino del ajedrez o la falsa inspiración.


Estaba leyendo hace unos días sobre "el asesino del ajedrez". Este individuo es un ruso que decidió comenzar a asesinar personas después de una trifulca amorosa con una exnovia y un amigo. Una vez que comenzó a matar personas, él decidió seguir haciéndolo bajo idea de que mataría a 64 personas (mismo número de recuadros en un tablero de ajedrez)... A ciencia cierta, desconozco el motivo por el que alguien decidió darle el nombre de "asesino del ajedrez" porque no marcaba a sus víctimas con nada que pareciera una pieza del mentado juego, o ninguna otra vinculación con el entretenido y sobreponderado juego. La realidad es que, según las propias declaraciones del asesino, él decidió darse el nombre porque quería superar la marca de homicidios que otro asesino en serie ruso había impuesto tiempo antes. El asesino previo era el llamado "Carnicero de Rostov", y su nombre es Andrei Chikatilo, quien fue detenido en 1992 por el homicidio de 52 mujeres y niños. Ante esta evidencia, el "asesino del ajedrez" (Alexander Pichushkin) dice que su motor era superar dicha marca con 64 víctimas, marcando la muerte de cada una en un tablero de ajedrez (supongo que de ahí el nombre). Alexander jura haber asesinado a 61 personas, pero en realidad, sobrevivieron 3 por lo menos, y sólo se han encontrado evidencias tangibles de la muerte de 51 personas. La verdad es que Alexander (el asesino del ajedrez) puede estar mintiendo para sentir que superó a Andrei Chikatilo.

Después de todo esta retahíla de datos insulsos, el punto de mi disertación es: El asesino del ajedrez tenía por única motivación matar personas. No había una trama profunda, ni un orden, ni ninguna verdadera razón para tomarlo como un verdadero genio del homicidio, si bien, lo único verdaderamente pensado en sus homicidios era el mismo cuento con el que atraía a sus víctimas a tomar vodka para matarlos después. Este cuento era el de la muerte de su perro, perro que nunca tuvo, de ahí que sí se esmeró en esa historia. A mi parecer, no había ningún motor, ninguna inspiración verdadera como para seguir un orden o patrón de homicidio, me parece que Alexander sólo buscaba matar personas y buscar algo que lo hiciera sentir suficientemente "inteligente" como para pensar que hacía lo que hacía porque era superior a los demás.

Al final, creo que lo único que quiero decir es que damos más atributos de los debidos a las cosas que nos asustan o nos parecen malas. Como cuando alguien platica de la vez que se asustó con un perro callejero, que se veía como una fiera inmensa, de boca espumajeante, con colmillos tan largos que llegaban al suelo... Cuando la verdad era un perro famélico que muy a penas atinó a ladrar al asustadizo transeúnte en el momento más inoportuno... Cierto es que nos parece que aquello que nos perturba, asusta o incomoda, tiende a poseer propiedades más allá de las que verdaderamente puede tener, porque así es más fácil justificar nuestras emociones ante la verdadera amenaza, que en ocasiones, puede ser más aterradora que la mentira en nuestra cabeza, como en el caso del asesino del ajedrez:

"La mentira es que era era un habilidoso e inteligente individuo que edificó un plan horrendamente macabro y maquiavélico para asesinar a sus pobres víctimas rusas (vagabundos, principalmente). La horrenda verdad, que es mucho más espeluznante que la fantasía anterior es que hay un individuo tan indolente como matar a alguien y no sentir tristeza o culpa, y tan ocioso como para hacer de eso un proyecto personal, sin meta ni justificación, sólo por el mero ocio de matar."


Para mí, es mucho más aterradora la verdad porque no hay que esperar a que una persona extremadamente inteligente, malvada e incomprendida aparezca en una ciudad para que comiencen los homicidios... Lo único que se necesita es una persona con problemas de autoestima y mucho tiempo libre.

sábado, 8 de septiembre de 2007

El hombre que tomó píldoras anticonceptivas o la verdadera bruja de blanca nieves.


Recientemente un allegado me comentó que había tenido relaciones sexuales sin protección con su novia, y que la ocasión ameritaba el consumo de la pastilla del día después (que no son abortivas, quiero aclarar). El punto era que la fémina se negaba por la incomodidad y nerviosismo que esa acción le conferiría y, como último recurso, el novio en cuestión se ofreció a ingerir el mismo medicamento.
El resto de la anécdota estaba mancillado de malestares generales, propios del desajuste hormonal, pero el punto importante ha quedado plasmado por sí... El susodicho novio, buscaba convencer a la mujer al tomar del mismo "veneno" para demostrar que era seguro; pareciera como cuando uno trata de convencer a un niño o una mascota de que el dulce que se le ofrece (cuya naturaleza infunde desconfianza) es comible, y dependiendo de la capacidad del estafador, hasta puede parecer que tenga buen sabor. Por otro lado, las razones por las que el novio tuvo la necedad de hacer que la mujer deglutiera dicho medicamento, pero lo verdaderamente curioso es su afán seductor. No conforme con haber seducido a la novia (digamos, para hacerse novio, o para tener relaciones, etc.) también la sedujo, como la bruja a blanca nieves, a tomar las desembarazosas píldoras. Él clamó que era una especie de igualdad: tú las tomas y yo las tomo; pero en realidad era una treta para lograr sus fines ulteriores.

Ahora tenemos toda la información para generar la imagen que tuve en mi cabeza mientras escuchaba aquella chanza. Teníamos a una novia timorata y a un novio preocupado que, para convencer a su novia a tomar las "píldoras del día siguiente" las tomó él también. En mi mente, esto se veía así: Un pequeño perrito libidinoso (de esos que se paran en dos patas y asemejan la copulación con la pierna del humano más cercano) que es incitado por un hombre jorobado y feo a comer un insecto horrible, lamiéndolo con frenesí enfermo, para luego ponérselo al perro en el hocico (en repetidas ocaciones) hasta que éste lo ingiere... Sobra decir que fue perturbador.

La verdad es que el sujeto se atrevió a aventurarse a un lugar que la mayoría de los hombres no nos aventuramos, pero su motor no fue, en lo absoluto, la búsqueda de la igualdad de género, fue su propia conveniencia.

sábado, 11 de agosto de 2007

El segundo Golfo de México

Cuando me refiero al "Golfo de México" no estoy aludiendo a la lengua marítima que incursiona en las costas de Veracruz, Tamaulipas, etc., sino al "zorro de plata". Sí, me refiero a aquel que con su ascendencia libanesa, juegos de palabras y piropos fugaces marcó la pauta de nuevo galán del cine mexicano; efectivamente, hablo de Mauricio Garcés.

Mauricio Garcés entró temprano a mi vida al igual que El Santo, Blue Demon y Tin Tán. La diferencia fue que en el "zorro de plata" no fuí capaz de apreciar su gran legado a esa temprana edad; fue hasta estos últimos años. Mi pequeña pleitecía no estriba en la cantidad y calidad de mujeres que era capaz de conquistar en sus películas, más bien viene por su asombrosa capacidad de ser siempre elegante, medio delicado, sofisticado y hasta un tanto inocente. Después de una larga búsqueda pude, por fin, hacerme de una pequeña colección de sus películas, así como lo hice con aquellas de "El Santo", y estos días me he dedicado, en los ratos libres que el hurón y la ciencia me regalan, a su estudio y contemplación. Es relativamente fácil entender sus procederes, sin embargo es complétamente complicado adivinar sus ráfagas de verborrea y sus lisonjas ante los monumentos femeninos que se enfrenta; no siempre sale triunfante, no siempre conserva su cabello perféctamente engomado y su infalible cigarro, pero lo que sí es cierto es que siempre logra sorprenderme y darme una lección de la capacidad del hombre (como género) para lograr entrar en el corazón de la respectiva dueña de nuestros desvelos, y dentro de esto, lo que más me asombra es que, teniendo en mente de que son películas, el final feliz puede lograrse a pesar de todas las tribulaciones y tonterías que, irremediablemente, uno comete. Creo que ahí es donde está la verdadera ficción de su cinematografía, la ficción de que "el amor triunfa", "el amor verdadero perdura y todo lo perdona" y por último "aquella que te quiere, hará lo necesario para tenerte".

Siendo yo un experto en ficción, dado mi largo camino por sus diferentes autores y directores, puedo decir que la mayor ficción del mundo es el "amor verdadero". A tientas, me parece que es como el monstruo del lago Ness: Nadie lo ha visto pero todos hablan de él, parece que hay evidencia pero ninguna es conclusiva y, sobretodo, nos gusta pensar que está ahí para mantener un pequeño grado de misticismo en nuestras vidas. Sé que todo esto suena lleno de amargura y resentimiento con la vida, pero bien dicen que: cada persona hará su chanza de acuerdo a las propias vivencias en el carnaval (cada quien habla como le vá en la feria).

Mi propia experiencia me señala que no hay nadie que esté dispuesto a sacrificar algo, que nadie está dispuesto a dejar de lado a su propia persona (o los demás) por poner como prioridad una relación buena y estable, y, sobretodo, nadie va a meter las manos al fuego por lo que el otro cree. Curiosamente, de esto último, es de donde se expide la mayor ficción de la trilogía de "The Matrix" ya que Trinity sacrifica todo por creer lo mismo que cree Neo... Esto es lo que hace más ficticia a la película que todo lo demás.

Sé que este pensamiento choca, sobretodo para los enamorados, pero creanme que hablo con la verdad, y aquellos que estén dispuestos a negarme la voz de la razón, que me exponga la evidencia de su amor verdadero, y hablamos en un par de años.

domingo, 5 de agosto de 2007

El gato de la muerte o el mal karma de las coincidencias


Hace unos días, Carlos (Carlos Loret de Mola) me platicó (dijo en su noticiero) que había cierto gato que habitaba en un ancianato, al que llamaban categóricamente como "el gato de la muerte". Este apodo venía dado por la sencilla (y espeluznante) razón de que cuando el gato visitaba el cuarto de algún anciano de la institución, dicho anciano moría en menos de 24hrs. Obviamente los ancianos tenían pavor al mencionado gato, y ¿Quién no? Digo, es el faxímil felino de un jinete del apocalipsis, es como el cordero que reaparecerá como el león el día del juicio final... Quiero decir, ver al dichoso (o desdichado) gato será un aviso funesto, como el medidor de ataúdes que tanto les gusta poner en las películas de vaqueros, sólo que en lugar de una regla el gato carga con sus bigotes (que es con lo que miden las distancias cercanas, por cierto).
Si lo pienso fríamente, con la razón de científico que me agracia y me atormenta, hay muchas otras evidencias a considerar antes de colocar a este gato como el mayordomo de las exequias. Aquí una lista:
¿Qué porcentaje de ancianos han recibido la visita del gato en el edificio y han muerto en menos de 24hrs?
¿Cuánto tiempo lleva el gato viviendo en el edificio?
¿Cuáles son las actividades específicas del gato durante su visita? Esto porque me sería muy lógico que la gente muriera si el gato gusta de mordisquear los cables de los respiradores artificiales.
Se requiere un cultivo microbiológico y un análisis toxicológico tanto del pelo del gato como de su sangre, saliva, pelo y desechos (copro y orines).

Si todo lo anterior revelara que el gato no porta ningún parásito o bacteria potencialmente letal para el ser humano, que mínimo en el 99% de las ocaciones que ha visitado un anciano éste muere, y que no interviene con ninguno de los equipos responsables de mantener la vida de los pacientes, podría considerar la posibilidad de que realmente el gato tiene algún presentimiento sobre la muerte de las personas. Pero aún esto último podría tener connotaciones instintivas, como si el anciano moribundo está acostado todo el día, mientras que los demás abandonan sus cuartos, porque de ser así, el gato puede visitar los cuartos de los ancianos mientras no están en ellos y, obvio, se le nota al gato cuando visita a los moribundos.

Mi última propuesta recae sobre la coincidencia y la sugestión. Que tal si, efectivamente, tres ancianos a los que el gato visitó murieron al poco tiempo. Luego un rumor comenzó entre los ancianos "el otro día que Gesiana murió, ví al gato en su cuarto..." comenta un anciano de buena memoria, luego, otro bastante lúcido y paranoico dijo "¡Yo lo ví en el cuarto de Filomeno el día en que murió!" De aquí, toda una serie de teorías y temores comenzaron a circular por el ancianato, y cuando uno, enterado del terrible rumor, enferma y vé al mortuorio gato en su cuarto piensa "el gato está aquí, voy a morir" y de ahí, se deprime y, en efecto, muere. Pero esta muerte viene dada por la angustia y la sugestión.

Ahora, basta de menesterosos, pensemos en el gato. Hay que imaginar el estigma que el pobre animal carga sobre sus peludos hombros "soy aquel que lleva la muerte" o "la gente me teme porque traigo mal augurio" o peor aún "¿Los ancianos me huyen, o me tratan bien, porque pronostico su muerte o porque soy un felino casero y peludo?" Debo aclarar, de sobra sé que nada de esto pasa por la mente del gato, pero propongo esto porque así porque hace posible extrapolar la circunstancia del gato a otro ser, digamos, una persona. Pobre de aquel individuo que tuvo la mala fortuna de estar sentado en la parada del autobús cuando un bibliotecario tropezó y cayó enfrente de él (escogí esta profesión por la supuesta buena memoria de los bibliotecarios), y este mismo evento, con las mismas personas, se repite la semana siguiente. El bibliotecario recordará el rostro de nuestro individuo sentado y riendo en la parada (lo ha visto dos veces). Si el bibliotecario es suficientemente supersticioso (y paranoico) concluirá que se cae, no porque sea distraído y torpe sino, porque el individuo envía sus malas vibras y lo hace caer... O porque todos los días carga con un bote de grasa industrial y con ayuda de una brocha, engrasa la sección exacta frente al asiento de la parada para ver a la gente caer mientras espera el camión... Como fuere, la coincidencia ha creado un mal karma en nuestro sedentario individuo. La siguiente vez que el bibliotecario pase por la parada y vea a nuestro individuo sentado, le disparará una mirada fulminante y rodeará lo necesario para no pasar frente a él y, curiosamente, no tropesará porque toma otro camino. El individuo se dará cuanta de esta retorcida actitud porque esperaba el momento cómico que alegró su día las dos últimas semanas, pero luego reflexionará y tal vez piense "ese estúpido bibliotecario ya no me hizo reir hoy", pero si la sugestión es suficiente, por la asesina mirada del bibliotecario, pensará "tengo la capacidad de hacer tropezar a las personas" o "soy un peligro para los demás". Sé que esto es un caso extremo y fríbolo, pero esclarece el punto; la sugestión es peligrosa no sólo para quien la tiene, sino también para quien la provoca.

Creo que esto nos ha sucedido a todos. Es como el alumno que dice "ese profesor me reprobó" en lugar de decir "no estudié lo suficiente"; o la mujer que dice "siempre me tocan novios maltratadores e infieles" en vez de decir "no sé escoger a mis parejas"; o decir "los mosquitos siempre me pican" por no pensar "debería ponerme repelente". En fin, hay un sinnúmero de ejemplos que nos permiten justificarnos por nuestras propias sugestiones, y en ocaciones, garrafales aberraciones.

Como nota, a los pocos días de que el gato asesino apareció en mi televisor, una tía muy querida murió.

sábado, 4 de agosto de 2007

El peso en el piso del baño.

Hoy, como buen obsesivo-compulsivo, me he dado a la tarea de limpiar mi departamento. Era necesario. Comenzé a estibar objetos del suelo sobre la cama, recoger empaques de comida que el hurón (su nombre es anquilosante; apócope = anqui) se roba de la cocina y esconde silenciosamente debajo de la cama. Todo comenzó bien, marcado por el ánimo ceremonioso que gusto de imprimir a mis ritos, hasta que llegué al baño. En el suelo, a un lado de la taza, había una moneda de baja denominación ($1.00M.N.). Por lo general no levanto nada del suelo cuando barro, por eso recojo concienzudamente antes; pero este peso ($1) me consternó. Rápidamente, mientras acercaba la escoba, hubo una ráfaga de ideas.

La primera fue la que el instinto me dicta: Barro el peso ($1), lo subo al recogedor con la demás basura y acabará en la basura, un pepenador lo encontraría en la bolsa. Inmediatamente después, me sentí arrogante, derrochador, desconsiderado... Debe haber personas que pueden hacer algo con un peso ($1), o peor aún, por un peso ($1). Evalué la idea: la moneda acabaría en las manos de un pepenador, como quien encuentra una cana en un gato; encontraría la moneda en una enorme bolsa de basura en un basurero de miles de metros cuadrados, entre millones de bolsas... ¡Era absurdo! Dejaría la moneda en el suelo, y luego, cuando no sea día de limpieza la recogeré y la almacenaré con el montón de sus similares en la canasta del cajón debajo de la televisión... Nuevamente, mi mente rechazó la idea, porque ¿Qué pensarían las visitas cuando lleguen al departamento y encuentren una moneda tirada? Parecería que no limpié, o pensarían que me considero adinerado y que no vale la pena recoger una moneda (ahora que lo escribo suena muy estúpido). Concluí: "Tomaré la moneda y la regalaré a alguien en la calle". Parecía la mejor solución, pero la verdad es que después de recogerla y dejarla en la tapa del tanque del inodoro, sé que probablemente sólo llegará a la canasta de monedas en el cajón debajo de la televisión. Hasta este punto, no hay nada revelador en este evento como para publicarlo en un blog, pero aquí viene lo más interesante, y denota mi verdadera naturaleza extraña y paranoica...

Mientra barría pensaba en la moneda. Su fin último es ser intercambiada por productos o servicios, digo, es el objetivo del dinero, ¿No? Entonces, de haberla mandado a la bolsa de la basura, entre otros tantos miles de costales de desechos en un relleno sanitario, se habría frustrado la misión última del miserable peso ($1)... Gracias a mí y a mi obsesión por no tocar las cosas en el suelo, la misma existencia de la moneda habría sido inútil; habría sido yo una especie de fríbolo e inmisericorde semidios que decide el destino de un ser, sólo por mi aburrimiento o mi fluctuante estado de ánimo; un Apolo o un Poseidón, que regala sus favores a los mortales, no para retribuir sus numerosas y sentidas ofrendas, sino por el hecho de que puedo y me divierte... De ahí, fue peor. Imaginé a la gente en la casa de moneda y en el Banco de México dando cuenta de que una moneda no estaba en circulación, y sus rostros deprimidos y consternados sobre el futuro de la economía mexicana. Un preocupado y fiel empleado entraría a una gran oficina amaderada en caoba, aventando la puerta y diciendo al juntas sus manos con rostro temeroso "Señor, Falta una moneda de un peso ($1 M.N.) en circulación..." A lo que el jefe contestaría "¡No es posible! ¡¿A dónde va el país?! ¿Qué pensará la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe)?" Y remataría con un depresivo "No hacemos bien nuestro trabajo..."

Después de esta alucinación marca "Diablo", me golpeó como la puerta de aquel elevador descompuesto cuando trabajaba en la repartición de oficios (claro, sin la sofocación y la vergüenza): Este es el verdadero punto de todo. No puedo imaginar como sería respetar siempre la misión que cada uno supone deben tener la cosas. Me refiero a que yo puedo suponer que los platos se hicieron para comer, pero estarían en desacuerdo todas aquellas ancianitas que gustan de coleccionar platos y colgarlos en las empapeladas paredes de sus casas... Es más, de seguro, una turba furiosa, con antorchas y trinches, me perseguiría con ánimos asesinos después de que me haya jambado un buen plato de mole con pollo en el plato que sirve de trofeo en el torneo de Wimbledon... Aunque, pensándolo bien, Venus Williams o Andrea Agassi podrían darse el lujo de comer en sus trofeos (tienen decenas)... Pero de seguro Ana Kurnikova SÍ querría matame, digo, ella no tiene ninguno. O que hay de las muñecos de peluche que adornan las habitaciones de muchas niñas y mujeres (y algunos hombres), que de seguro soñaban con ser abrazados y queridos por algún infante... La verdad es un punto que se juzga más por apreciación personal que por sentido común.

Creo que la misión da cada ser en el universo, en realidad, se dicta por lo que a éste le acontece, es decir, si el peso ($1) hubiera acabado en la bolsa de basura, ergo, su misión era la de no ser intercambiado por productos ni servicios, su misión última habría sido ser despediciado y quedar oculto cual precioso tesoro (en la basura, por cierto). Creo que el lugar en el universo, la misón última, el orden divino, es estar, sufrir nuestras desgracias, vivir nuestras alegrías, afectar nuestro entorno.

A manera de conclusión, todo esto me reconforta porque significa que cualquier cosa que haga estará dentro del objetivo de mi existencia, hacer cada cosa que hago o no haber hecho aquellas que no hice, encaja en el diseño divino. Así tengo la confianza de que todo lo que vaya a pasar es porque debe de pasar, aunque no sea lo que quiero o lo que más me convenga. Después de todo, creo que también debe ser reconfortante para la moneda del piso del baño (actualmente en la tapa del depósito del inodoro), porque no sólo NO fue a dar a la basura sino que, además, me inspiró a adentrarme en la complejidad del universo y la existencia... ¡Espero esté orgullosa!