lunes, 1 de septiembre de 2008

Del Domino Mundial Altruista o Apología de los Villanos Megalómanos

Resulta que nuevamente, la Prin y yo, veíamos el televisor. Esta vez se transmitía una nota informativa de la toma de tribunas, toma de instalaciones y otras engorrosas invasiones. El motivo no tiene importancia, sin embargo, las consecuencias de estos fatídicos eventos eran desastrosas: Agrasiones verbales, lesiones a terceros, daños materiales, bandalismo y hasta robo. Le dirigí unas palabras a mi niña: “No es posible que estas personas, quienes supuestamente buscan un beneficio patriótico, utilicen estas vías de resultados tan lamentables...” Continué mi monólogo “Alguien debería hacer un consenso y determinar la solución óptima donde todos seamos beneficiados por igual, así, no se harían daño si es que buscan lo mismo, y no habría beneficios ulteriores de grupos ajenos...” ¡Entonces me golpeó! No mi niña, sino una idea. Una idea tan consistente y perfecta, que debería se la solución a todas estas tribulaciones. Una idea que podría colocar al mundo en el lugar utópico que deberíamos tener. Esta idea no fue otra que la de dirigir, personalmente, a todas estas personas, y elegir lo mejor para ellas. Quiero decir, ¡Gobernar al mundo! Pero gobernar al mundo para salvar a las personas de ellas mismas, como un acto completamente altruista y desinteresado. No buscando el dinero ni el poder, ni la capacidad de determinar insensatamente el destino de la humanidad. El fin único de esta empresa sería ayudar a cada persona existente y dar felicidad y armonía a todos.

Una vez que caí en cuenta de esta posibilidad, comencé a reflexionar sobre aquellos que había perseguido este mismo sueño. Traje a mi mente a diversos personajes de lo más pintorescos, pero que podrían ser movidos por este mismo motor:

  • Darth Vader comenzó su asenso al poder con el único fin de terminar con el separatismo entre galaxias. Su propósito era hacer lo mejor para todos aquellos que en realidad no sabían que deseaban, y entraban en discusiones irreales alejadas de las necesidades de los muchos extraterrestres que del consejo galáctico dependían.
  • Cerebro (el compañero de pinky) no deseaba tener poder ni mujeres hermosas ni reconocimiento público sobre su inteligencia. Sólo deseaba gobernar al mundo por la única razón de hacer todo mejor.
  • El Doctor Doom era un visionario que soñaba con llevar la dicha que había logrado en su natal Latveria a todo el mundo.
  • Por último, posiblemente Skelletor (Némesis de He-man) podía ser un rebelde que buscaba eliminar el despotismo que azotaba a Eternia.

Mi conclusión fue que definitivamente esta no era una tarea para personas simplonas o de poca convicción. Se requiere un espíritu inquebrantable y una sobresaliente voluntad, además de inteligencia y astucia ¿Estaré a la altura del reto? No lo sé, pero lo seguro es que puedo comenzar a elucubrar ideas que me permitan alcanzar esta difícil tarea.

Fragüé tres planes para lograr esta empresa:

  • Mutarme genéticamente en un lagarto gigante: Esta posibilidad deriva de mis conocimientos de la recombinación genética (que adquirí en mi actual posgrado). Mutarme en un gigantesco lagarto que escupa fuego me daría la fuerza necesaria para dominar de manera rotunda cualquier altercado con mis gobernados. Algunos de los inconvenientes de este plan son:
  1. Mis gobernados no entendería cuando yo hablara. Ya que mis cuerdas bucales han sido transformadas, yo pensaría que expreso mis ideas en forma ordenada, mientras que la población sólo escucharía: Graaau Grau Gggrau Graa.. Este evento no permitiría expresar mis mandatos de forma correcta.
  2. Tendría que despegarme de los placeres humanos que me hacen tan feliz. No puedo imaginar la cantidad de cigarros que tendría que consumir para equiparar mi masa, y no quiero ni empezar a reflexionar en la cantidad de cerveza que debería consumir en un fin de semana.
  3. Por último, mis estornudos. En lugar de desearme salud, mis gobernados saldrían corriendo, y hasta podrían morir, ante las estelas de fuego ardiente que saldrían por mi boca y mi naríz.
  • La construcción de un robot gigante lleno de armamento. Por este medio podría, nuevamente, lograr empresas que requirieran una gran cantidad de dedicación y esfuerzo, de manera muy sencilla. Podría hacer puentes carreteros, edificios y represas en un solo día, mejorando la calidad de vida de mis gobernados. Los inconvenientes son:
  1. La inversión económica en la construcción de tal dispositivo.
  2. Si algún día me quedara dormido y me arrebataran el control del robot.
  3. ¡¡Las baterías!!
  • Un ejército de muertos vivientes. Los muertos vivientes son soldados ideales ya que no requieren alimento, no duermen y no descansan. Los inconvenientes pueden ser:
  1. Se comerían los cerebros de mis gobernados.
  2. Los muertos vivientes no entienden mucho de razones.
  3. El mal olor.
  • Crear un ejército de hurones recombinados genéticamente que podría dirigir hacia el dominio mundial. Esta opción sería muy asequible, ya que los hurones son expertos en entrar en cualquier residencia, sabotear cualquier instalación, convencer a la población con su ternura y atacar en caso necesario. Los inconvenientes son:
  1. Los hurones duermen casi 20hrs al día, es decir, no tendría ejército 4 quintas partes del día.
  2. No logro hacer que mi hurón me haga caso, menos lograría mandar centenas de ellos.

Sin duda requiero generar nuevos planes para lograr mi empresa, pero estoy plenamente convencido de que me mueve una razón correcta y desinteresada.






Fig. 1: Mutación a lagarto gigante escupe fuego.

Fig. 2: Robot gigante con armamento.

Fig. 3: Ejército de zombies.

Fig. 4: Ejército de hurones recombinados genéticamente.

sábado, 30 de agosto de 2008

El mejoramiento de la imagen mundial de los mexicanos o de la OPP como carrera del futuro

Era una tarde lluviosa. La Princess y yo veíamos el televisor (estaba encendido, por supuesto) y aparecían algunas personas que se manifestaban públicamente (olvidé el motivo). Estas personas comenzaron a dispersarse, bloquearon algunas calles y, eventualmente, comenzaron a atacarse entre ellos mismos por algunos problemas organizacionales y logísticos de tu protesta. Al tiempo que veíamos semejante pamplonada, yo le comentaba a la Prin que es correcto manifestarse, siempre y cuando exista el respeto a los derechos de aquellos que no se están manifestando, y no se genere violencia de ningún tipo. Por un instante discurrí en la idea de tomar “organizador de protestas públicas” como una profesión verídica. Así como los médicos son necesarios porque siempre hay enfermos, los abogados siempre son necesarios porque siempre hay un estado de derecho, los contadores son necesarios porque siempre se deben pagar impuestos (y nunca sabemos cómo hacerlo), tal vez, de igual forma, los OPPs siempre serán necesarios simplemente porque ¡Siempre hay inconformes!

Propongo la creación de esta nueva carrera ante la necesidad de mejorar la calidad de las apariciones de nuestro pueblo mexicano en los noticieros alrededor del mundo. Cada vez que nos manifestamos y aparecemos sucios y
desorganizados (Fig. 1), con miserables cartulinas para expresar ideas poco reflexionadas (Fig. 2) (incluso con faltas de ortografía), con una total falta de combinación o coherencia en los atuendos (Fig. 3), con consignas ininteligibles, incluso con apariencia alcoholizada y viciosa (Fig. 4)... ¿Esa es la imagen que queremos que las demás naciones recuerden? ¡Ya no más! Es tiempo de romper las cadenas de la desorganización y la falta de profesionalidad de nuestras protestas.

Ante esta necesidad latente, he decidido proponer la creación de la carrera “Organizador de Protestas Públicas” (OPP). También he definido los principales preceptos institucionales que nos guiarán en el cumplimiento de esta tarea:

  • Misión: Generar profesionales de la protesta pública capacitados para generar manifestaciones agradables a la vista, al olfato y de alta grado de impacto, sin transgredir los derechos de los no-manifestantes.
  • Visión: Ubicar a un profesional de la protesta pública en el lugar y momento en que sea necesario, para generar manifestaciones públicas de alta eficacia.
  • Valores: Presentación, manifestación, convicción y alborotación.

Estas son algunas de las materias que podrían cursar los OPPs durante su formación académica:

  • Diseño de mantas y carteles I y II.
  • Armonía y composición de vítores (porras, pues).
  • Protestas universitarias: Fósiles como unidad operativa.
  • Protesta silente: Una opción creativa y poco fructífera.
  • Logística de la protesta pública.
  • Alborotación y manejo de masas I, II, III y IV.
  • Técnicas para el reclutamiento de paleros.
  • Técnicas de tortura a oyentes I, II y III.
  • La importancia de las celebridades en los eventos públicos.
  • Improvisación I, II y III.
  • Evasión de la fuerza pública I y II.

De momento, este sería el programa de estudios inicial. Con el tiempo evolucionaría y podríamos generar más profesionistas de mejor nivel. Incluso, podríamos tener acreditación CENEVAL y reconocimiento mundial. Así que, no lo pienses más, y conviértete en un “Organizador de Protestas Públicas” ¡¡Te quiero a ti!!

Fig. 1: Protesta improvisada, completamente desorganizada.


Fig. 2: Los carteles que marcan consignas pobremente reflexivas. Incluso formulaciones admirables
(como esta del libertador de las américas) es suceptible de ser mancillada por estas actividades impías.

Fig. 3: La falta de identidad entre los manifestantes generan resultados tan deprimentes como este
(sólo muchacho, sólo con tu alma).

Fig. 4: Las palabras sobran.


jueves, 31 de julio de 2008

historia épica del laboratorio anegado o del diluvio universitario

En un día tan corriente como cualquier otro, decidimos ir a comer a cierto negocio no muy lejano, cuyo nombre tiene los mismos elementos que “el hogar de la carne para asar” pero con más o menos letras. Ahora que lo pienso, el nombre de dicho tugurio debería ser algo más atinado, como “la última morada de la carne para asar”, ya que hogar le da un sentido sentimental que no puede existir entre alimento y alimentado. Esto no es importante, el hecho, es que después de consumir nuestros alimentos, regresamos al origen: yo, a mi domicilio; mi acompañante, a nuestro lugar de trabajo. Dado que ambos destinos son muy cercanos entre sí, llegamos juntos a un punto intermedio y de ahí nos separamos...

A los pocos minutos comenzó el meteoro de la precipitación pluvial. En un principio, eran gotas dispersas y, en pocos minutos, hicieron su aparición el viento, los relámpagos, los truenos y el granizo. Para este momento, yo me encontraba ya con la luz apagada, la televisión desconectada y el hurón entre los brazos, nos escondimos juntos a los pies de la cama, ya que la tormenta amenazaba con reventar los vidrios. En eso, escuché el característico quebrar de un cristal, me asusté y salí deprisa del cuarto. Me encontré con que la lluvia había encontrado su camino por las ventanas del lado este del departamento (evento que nunca había sucedido). La lluvia, viento y granizo hacían imposible vislumbrar algo hacia fuera de nuestro hogar. Raudo, cerré las ventanas casi al nivel hermético, y fue poca el agua que alcanzó a entrar. Como corolario, el cristal roto fue un florero de vidrio que me fue regalado hace como un año, y que había olvidado en la buhardilla que sustenta a la lavadora, la secadora y otros tiliches.

La tormenta duró aproximadamente 1800 segundos, y los escribo en estas unidades porque de verdad les digo que cada uno de ellos fue vivido intensamente. Al término de lo peor del meteoro, comencé a intercambiar mensajes escritos con aquella con quien acababa de comer, y que se dirigió a nuestro lugar de trabajo. La información que me hacía llegar ameritó una llamada telefónica, la cual fue tuvo por síntesis la frase “¡El laboratorio se inunda!”. Al parecer el agua había encontrado su cause a través del alcantarillado. A pesar de las puertas y ventanas cerradas, el líquido lodoso logró infiltrarse por las coladeras que fueron distribuidas generosamente por el suelo del laboratorio. Mi deber fue notificar a nuestro asesor, que por algún evento dictado en uno de esos renglones muy lineales en los que escribe el Señor nuestro Dios, se encontraba en la ciudad después de tres semanas de ausencia. Noté incredulidad en su voz al escuchar la noticia, colgamos, se dirigió al laboratorio y su sorpresa sólo fue superada por el volumen de líquido que ya anegaba al laboratorio. La persona que se encontraba dentro, con quien yo me comunicaba en un inicio, se encontraba sobre un banco alto para evitar ser electrocutada, ahogada o atracada por alguna de las embarcaciones de insectos que viajaban a la deriva en la terrible inundación; embarcaciones que asemejaban pequeñas arcas bíblicas donde la humanidad y una pareja de cada especie animal, sobrevivimos la primera siega del mundo.

Nuestro asesor movilizó a las tropas; mandó llamar a los conserjes disponibles, llamó a la colaboradora con quien comparte el laboratorio y entre ellos, dos compañeras y yo, nos dimos a lo que sería un desahogue lleno de suciedad, basura oculta, hediondez y cansancio. Casi cuatro horas duró la húmeda tarea... Al final, se presentó ante nuestros cansados ojos, un laboratorio limpio y sin huella alguna del terrible paso del agua, excepto por todos las cajas y muebles que asemejaban los cadáveres de múltiples especies de insectos (patas pa’rriba) sobre las mesas y cualquier espacio disponible...

Al día siguiente, ante el inexorable amanecer de un nuevo día de labores, se le retiró la clausura al laboratorio. No hay remanentes de lo que el agua se llevó, sin embargo el recuerdo de estos eventos, así como la ingratitud de nuestro asesor, quema nuestras memorias como un yerro ardiente...

Fig. 1: Aquí, una alegoría de nosotros y la vida endémica del laboratorio tratando de sobrevivir a la subida del agua.

Fig. 2: Un doble de acción me caracteriza señalando el lugar donde se encontraban los equipos más importantes del laboratorio.

Fig. 3: Mi asesor salvando su fondo de escritorio.

miércoles, 23 de julio de 2008

Crónica de un simulacro anunciado

Ante la premisa “más vale prevenir que lamentar” mis compañeros de laboratorio y yo, fuimos sometidos a una de las actividades más tediosas e infructíferas de la sociedad contemporánea; un simulacro. Debo señalar: yo también profeso que la seguridad es primero... En mi periodo de bombero y brigadista, aprendí mucho sobre los peores resultados que puede generar un siniestro. Prefiero prevenir, así como estar preparado. Los simulacros son farzas irreales que, si se repiten constantemente, pueden generar un beneficio notorio ante el control de un siniestro, pero siempre y cuando la actividad simulada haya logrado ser mecanizada por los participantes; quiero decir, un simulacro una vez cada 5 años son tan útiles como "el peso en el piso del baño" (léanse entradas anteriores).Sin embargo, la parodia de simulacro de evacuación a la que fuimos sometidos, no previene ni prepara. El primer infortunio fue que invertimos dos días en asistir a unas conferencias sobre seguridad y formación de brigadas, de las cuales no se generó ninguna brigada y la única cosa segura es que el avance de ciencia se detuvo porque sus esbirros no fueron capaces de generar conocimiento (que no trabajamos, pues). Y no que me moleste no trabajar, pero si derrocharé holgazanería, será acompañado de bebidas fermentadas, buena conversación y compañía agradable; definitivamente ninguna de estas condiciones se satisfizo en aquellas conferencias.

Una vez que se nos calificó de “capaces” para sobrevivir al simulacro, se nos indicó que el simulacro debería ser sorpresa, pero que por razones de tiempo (no del nuestro, claro) el simulacro sería a las 12pm, para esperar la llegada del rector de nuestra autónoma universidad. Irónicamente, el simulacro en realidad fue sorpresivo, porque el rector no llegó a la hora acordada sino 2 horas después, aproximadamente. Lo que sucedió a continuación será mejor relatarlo a partir de las imágenes que reviven aquellos momentos llenos de angustia... Aquí las fotografías, un pequeño serial visual que permitirá un mejor desarrollo de mis ideas:

Fig. 1: El trabajo se desarrollaba normalmente en el laboratorio. Los miembros de nuestro grupo de trabajo son dedicados y responsables. Siempre dando todo por el desarrollo del conocimiento y el bien de la humanidad.


Fig. 2: Al sonar de las alarmas, conservamos la calma y nos dispusimos a evacuar nuestro recinto de trabajo.


Fig. 3: Algunos decidieron cargar la ocasión con un realismo excepcional, en una actitud casi verídica.


Fig. 4: Obedecimos todas y cada una de las indicaciones, así como todos y cada uno de los señalamientos.


Fig. 5: Algunos, incluso, mostraron muecas de terror ante la catástrofe inminente.


Fig. 6: Había una gran cantidad de involucrados en el fatídico evento. Por fortuna, no hubo lesionados.


Fig. 7: Por supuesto que, los sobrevivientes, quisimos conmemorar el evento que había unido nuestras vidas de forma perenne.


Fig. 8: Algunos no podían contener el llanto ante la inefable emoción de seguir viviendo.


Fig. 9: Por último, se nos felicitó con gran emoción; y se otorgaron reconocimientos a aquellos que verdaderamente había vivido la experiencia de manera más intensa, pero que por alguna razón no participaron con nosotros; es decir, premiaron a los organizadores. Si se reflexiona a profundidad, tiene mucho sentido. Ellos organizan cómo fingiremos nosotros, mientras ellos fingen que no capacitan, nostros fingimos cooperar, todos fingimos una catástrofe y al final fingimos que agradecemos.

martes, 22 de julio de 2008

Avistamientos inexplicables o breve tratado de criptozoología

Después de la sorprendente aparición de aquella pobre y colorada gallina, me he percatado de que el índice de avistamiento de criaturas de origen inexplicable, criptozoológico, como salidas de un cuento de Lovecraft, se ha incrementado vertiginosamente. Estas criaturas han sido avistadas en circunstancias tales que ponen en duda la fidelidad del testigo (yo), como suelen suceder en los encuentros de esta naturaleza.

La tribu oculta en el edificio

El primero de estos eventos sucedió el sábado 12 de julio de 2008. Era una mañana fría y yo jugaba con el peludo Anky (mi hurón). De pronto, escuché el sonido característico de un trabajador de la compañía de gas dando instrucciones a su compañero, desde el estacionamiento hasta la azotea del edificio. Fue como un canto de sirena, puesto que yo requería licuado de propano y había olvidado llamar al distribuidor autorizado. Ante la presión (hablando de gases) de alcanzar al despachador antes de que se retirase, tomé mi cartera, mis llaves y me puse una bata abrigadora que me había sido obsequiada por mi progenitora durante las fiestas decembrinas. Dejé a mi anky-mascota libre en nuestro dormitorio, pero tuve la precaución de cerrar la puerta del mismo; así, su actividad se vería confinada al recinto en cuestión. Cerré el departamento, bajé raudo y al llegar al estacionamiento le indiqué al señor gasero, que deseaba se me surtiesen los litros equivalentes a la cantidad monetaria que había destinado previamente para dicho insumo. La transacción se realizó sin tribulaciones. Al final de la operación, se me entregó mi nota y subí a revisar el nivel del indicador del tanque estacionario. A sabiendas de que todos los tanques estacionarios de gas del edificio se encuentran en la azotea, subí las escaleras. En el trayecto observé a una de mis vecinas (señora soltera y de edad madura) recibiendo la nota del gasero que se encontraba en el techo. Mi vecina le cuestionó: ¿Cerró la puerta de arriba? A lo que el trabajador atinó a decir: “ Sí, seño.” Sin darme cuenta, este diminuto evento fue como el aleteo de mariposa que generó el huracán... Subí, y por alguna razón, mi vecina en cuestión no se percató de mi ascenso.
Llegué al último piso del edificio. Este es un sitio particular, ya que posee dos puertas: Una resguardada por una reja con una cerradura externa, y otra, una simple puerta metálica. A la primera, nunca la había visto abierta. Mi suposición era que controlaba el acceso a un pequeño almacén de enseres para las personas que realizan afanosamente el aseo del edificio. La segunda puerta, es el acceso a la azotea del edificio, de la cual todos los inquilinos poseemos una llave. Me acerqué, abrí la puerta y subí la escalera donde se encontraba mi objetivo: El tanque de gas que alimenta la instalación de mi departamento. Mientras revisaba el nivel del indicador, escuché que una persona (presumiblemente mi madura vecina) había cerrado la puerta. Este evento no me preocupó porque yo tenía la llave en mi poder. Terminé la revisión y bajé la escalera, dispuesto a abrir la puerta de acceso con mi llave. Mi sorpresa fue brutal. Mi querida condómina había cerrado la puerta con el seguro de tornillo, circunstancia que me impedía abrir la puerta desde afuera. Me preocupé. No llevaba conmigo el celular, y mi roomate no estaba en el edificio. Tardé unos segundos en decidir mi ruta de acción. Al final, decidí dejar de lado la dignidad y grité el nombre de mi vecina a todo pulmón hacia la cochera del edificio (por donde los gaseros se gritaban indicaciones). Grité 5 veces su nombre, sin obtener respuesta. Esa malvada mujer me ignoraba o se encontraba fuera de su casa. Elucubré algunas posibilidades de escape, pero todas ellas requerían un atrevido paso sobre el vacío debajo del edificio de 5 pisos. Por último, decidí intentar asomar la cabeza a la calle y pedir a los transeúntes que timbraran en algún departamento para indicarles que me encontraba atrapado en la azotea. Volví a subir la escueta escalera, y al intentar alcanzar el frente del edificio, delante de mis ojos apareció algo; una ventana a un mundo nuevo, alejado de la realidad de lo cotidiano...
Lo que mis ojos observaron fue una pequeña terraza. Una terraza que no debía existir, y la cual de seguro conectaba con el otro lado de la puerta enrejada donde suponía almacenaban enceres de limpieza. La terraza no era lo único que se encontraba allí. También había, recargadas en la barda de la terraza, dos prendas de vestir recién lavadas (aún húmedas): unos pantalones de mezclilla y una camiseta. Ambas prendas parecían pertenecer a un varón con una complexión parecida a la mía. Ante este hallazgo, ocurrióseme que tal vez había una persona lavando ropa en el cuartito que conectaba a la terraza. Saludé con un “buenos días” a quien tuviere la amabilidad de contestarme. Ante mi llamado apareció una mujer regordeta, rubia teñida, de baja altura y con guantes plásticos en ambas manos. Ella me miró como una criatura silvestre asustada ante la vista del humano. Le expliqué amablemente mi situación, y con un tímido y escueto “déjeme ver” desapareció de mi vista. Me desplacé velozmente ante la puerta de acceso a la azotea y escuché los sonidos característicos de la mujer quitando el seguro de la puerta. Abrí con mi llave desde afuera, y al abrir la batiente por completo, me encontré con la mujer y con un acompañante. El acompañante era un imberbe de unos 17 años, alto, delgado y moreno. Ambos me veían con temor y desconfianza mientras les agradecía su ayuda. La mujer caminó rápido y apresuradamente al interior del cuartillo detrás de la reja, y el acompañante me miraba fijamente. Dio tres pasos hasta estar dentro del cuartillo y cerró la reja mientras me observaba. No cerró la puerta de madera detrás de la reja hasta que me perdí de su vista bajando los escalones...
Fue un encuentro extrañísimo, es decir, un departamento inexistente (ni número tiene), que alberga a dos personas que nunca había visto desde que vivo en ese edificio (3 años), ambas con la mirada extrañada que produce el encuentro con la civilización para aquellos incivilizados, silvestres. Me recuerda a una tribu de nativos que no habían visto nunca al hombre blanco, que disfrutaban su inocencia lejos de las ciudades, escondidos en la selva. Aún ahora dudo sobre la existencia de esta pequeña comunidad oculta en los rincones ocultos de mi edificio, pero yo estoy seguro de lo que ví... Otra de mis preocupaciones era, que si quedaba enclaustrado en aquellas alturas, esta pequeña tribu decidiera recibirme como el mesías, como aquel moisés quien los liberaría del calvario que vivían. Respecto a este punto sigo firme en mi decisión: Yo no conduciré personas a través del desierto (o ciudad) hasta un lugar de dudosa existencia (una tierra prometida) y mucho menos invertiría 30 años en ese trayecto. Aunque por otro lado, sería por demás interesante escribir unas tablas de la ley... Tentación, ¡Aléjate!
Por último, bien pudo ser una alucinación desencadenada por la inhalación de gas y la desesperación del encerramiento, pero continúa la inexplicable verdad de mi escape del encierro. Ellos existen, y son como nosotros, sólo, diferentes...

La criatura debajo de la cama

El segundo encuentro con una criatura antinatural, extraordinaria, fue una semana después. El 19 de julio de 2008, nuevamente jugaba con mi pequeño hurón (anky-niño). Él disfruta de correr mientras es perseguido, para ocultarse debajo de la cama, detrás de un mueble o dentro de un sillón. En una de esas correteadas, entró debajo de la cama. Por lo general, él se reincorpora rápidamente al juego, asomando la cabeza para constatar la presencia del perseguidor y seguir el juego, pero esta vez no fue así. Pasó casi un minuto, y mi pequeño no se asomaba ni salía corriendo por otro lado del colchón. Me preocupé. Pronunciando su nombre, me agaché lentamente y levanté la orilla del cobertor para tener una mejor visión. De pronto, estaba mi pequeño luchando, como atrapado por algún ente que no atino a describir. Rápidamente metí el brazo debajo del colchón y extraje a mi pequeño mientras se remolineaba en el suelo. Lo coloqué a salvo encima de la cama y revisé de reojo su cuerpo, buscando alguna señal del ataque que acaba de recibir. Una vez que me aseguré que se encontraba bien, volví mi vista debajo de la cama. La criatura aún seguía allí ¡¡Era espeluznante!! Pocas veces en mi vida he sentido tal horror y asco juntos. Era una especie de peluza, aterradora, formada por pelos, polvo, esponja y algunas otras cosas que no quiero ni elucidar... La horrible criatura había atacado a mi niño y probablemente intentaría terminar el trabajo... o tal vez domesticar a mi pequeño para que la condujera a otros lugares donde su terrible dominio no hubiera llegado aún. O tal vez deseaba atacarme y tomar el control total del departamento, y luego... el mundo. Corrí rápidamente por la escoba y el recogedor. Cuando regresé, la golpee para atarantarla. Una vez sometida, la impulsé con ayuda de la escoba y con una expresión de asco, la llevé hasta afuera del departamento a una bolsa de basura. Aventé escoba y recogedor y cerré la puerta de golpe. Regresé rápidamente al cuarto y abracé a mi pequeñito, quien de seguro seguía asustado después de semejante encuentro... Este es un encuentro inexplicable y terrorífico porque, cualquiera que me conozca, sabe que es imposible que se forma una pelusa en el piso de mi casa. Mi obsesividad y mi compulsión hereditaria por la limpieza, impiden tales eventos. Para mí, fue un encuentro inexplicable con alguna criatura fenomenal, tal vez, de una dimensión alterna...

Así, cierro este breve tratado de criptozoología, el cual me perturba, aún por sólo recordarlo y escribirlo... Estas dos son, probablemente, las experiencias más inverosímiles y aterradores que he experimentado. Les ruego no me juzguen, y si no me creen, por lo menos me den el beneficio de la duda.


Fig. 1: Concepción de un artista de la criatura debajo de la cama.

martes, 27 de mayo de 2008

De la aparición de la gallina y otras señales del principio del fin

Resulta que un día saqué la basura, actividad que requiere de gran coordinación para abrir puertas con una mano para evitar posibles contaminaciones del suelo residencial y de las prendas de vestir de aquel quien retira los desechos del sacro hogar. La hora designada para esta actividad es pasadas las 21hrs, ya que la unidad recolectora de desechos (camión de la basura) estila hacer su aparición a eso de las 23hrs. Haciendo suertes y dominadas logré retirar los residuos y los coloqué en el lugar designado para su recolección (la esquina, pues). Llegado a la esquina decidí acudir a la tienda de abarrotes más cercana para adquirir bebidas de bajo contenido nutritivo, pero de sobrado sabor y rotunda predilección popular (o sea, unas cocas).
Cuando regresaba del expendio con mi líquida carga, me percato de que en la entrada de mi edificio se encontraba un espécimen aviar de aquellos que se encuentran en las granjas (una
gallina). El ave, un digno ejemplar del Gallus gallus hembra (colorada y todo), presentaba una notoria ausencia de plumas en la región comprendida entre la fárcula y la quilta, cosa que denotaba que dicho animalejo había escapado por alguna cavidad estrecha. La ovípara en cuestión me causó gran impresión ¡Un espécimen vivo de esa taxonomía, aleteando y gorgoreando en el umbral de mi edificio!
Mi primera impresión fue que vería a un granjero (con overall de mezclilla y sombrero de paja) mirando al suelo furtivamente y tronando los dedos mientras entonada algún llamado animal... Esto no sucedió... Luego pensé que una niña pequeña (hija del granjero y con las mismas fachas) pasaría cabizbaja y sollozante buscando al plumífero de sus afectos, a quien llamaría por el nombre de "chinchita" (apodo que tendría su origen en una añeja anécdota familiar - bueno, no muy añeja, las gallinas no viven mucho -). Pero no hubo granjero, ni niña, ni operador de camión pollero recolectando sus pérdidas. Nada de eso, lo único que obtuvo la gallina fue un asombrado espectador con botellas de refresco en las manos.
Una vez constatado el innegable abandono que sufría la gallina, tuve a bien subir a mi departamento para deshacerme de aquello que estorbaba en mis manos... Cuando caminaba por la escalera pensé: ¿Cómo puedo ayuda a la criatura cocoreadora? ¿Podría encontrar la forma de tenerla en casa hasta que su legítimo dueño (niña, granjero o corporación multinacional) regresara por ella? ¿Habría un hogar para gallinas maltratadas que escapan de su gallinero por el sueño de algo mejor? La verdad no lo sabía... Lo que sí puedo asegurar es que comencé a explorar la posibilidad de atrapar delicadamente a la gallina y tenerla en casa. La idea no fraguó. La razón es sencilla: tengo un hurón en casa, y los hurones comen gallinas. La idea de llevar a la gallina de una muerte horrible a otra no me resultó atrayente, aún cuando su batalla campal entre hurón y gallina fuera para lograr mi favor... Digo, no soy un emperador romano, y la gallina y el hurón tampoco son gladiadores... aunque... Bueno, el punto fue que no tuve manera de ayudar al ave en desgracia.
En este punto, yo ya había entrado al departamento, dejado los refrescos, tomado mi cámara fotográfica y me encontraba bajando nuevamente. Llegué a la puerta de la cochera, y fotografié al ejemplar Gallus gallus (fig. 1). Acto seguido, tomé una fotografía a un lado del ave, tomando una considerable distancia de seguridad, para evitar contingencias (fig. 2). Las fotografías no tenían otro fin mas que hacer verosimil mi historia ante amistades y terceros, porque hasta yo la considero medio increíble. Una vez documentada la presencia de la gallina en mi edificio habitacional llamé a emergencias como mi último recurso, esto porque no supe a dónde comunicarme y pensé que posiblemente pudieran orientarme sobre alguna dependencia u organización que pudiera tomar el control de la situación... No fue así, ¡Nunca logré que operador alguno tomara mi llamada! De buenas que no estaba siendo asesinado, asaltado, en dolor o necesidad, porque hubiera muerto indudablemente.
El nuevo y único plan falló. No me quedó más que quedarme con la gallina hasta que ésta se acurrucó en un rincón del portón y quedose dormida. En ese momento, me resigné a que no había nada que hacer, y subí a mi departamento... Con culpa y pesar.
Al día siguiente no había gallina, no había plumas ni sangre, tampoco huevos ni la basura que bajé la noche anterior... Desconozco el paradero del ave, sólo espero que dondequiera que haya terminado, haya sido bien recibida y cuidada.

Figura 1: Especimen de Gallus gallus desorientado.


Figura 2: Gallina colorada y yo (distancia de seguridad = 110cm).

De la geometría del amor y otros demonios

El otro día escuché, por centésima vez, la frase “triangulo amoroso”... Como es de esperarse, mi mente comenzó a cavilar en esta idea. En un triángulo cualquiera, cada vértice está unido a los otros dos por sendos lados. En la situación de que uno de los miembros de una pareja sostenga una relación adúltera con algún otro individuo, indicaría que sólo una de las aristas de la figura geométrica posee una unión con ambos vértices restantes. Tomando lo anterior, en realidad aquello que no reparamos en llamar “triangulo amoroso” es en realidad un “ángulo amoroso”, ya que la condición de las interacciones personales en dicha circunstancia es análoga a un ángulo. De lo anterior concluyo que la fusión entre la geometría y la disposición de las relaciones humanas requiere un análisis profundo, y no una frase dominguera, simplista y poco reflexiva. De aquí que he generado los siguientes postulados:

Geometrías lineales amorosas:

  • Sea una pareja cualquiera, donde A es pareja de B, a esta disposición se le llamará “segmento amoroso” o “pareja”. (fig. 1)
  • Sea un individuo cualquiera A, que sostiene relaciones con B, C, D y E, a esta disposición se le conocerá como “unión de segmentos amorosos” u “origen amoroso en A” o “disposición Mauricio Garcés”. (fig. 2)
  • Sea una pareja cualquiera, donde A es pareja de B, y A posee una relación oculta con C, a esta disposición se le llamará “ángulo amoroso” o “bigamia”. (fig. 3)
  • Sea una pareja cualquiera, donde A es pareja de B, y A posee una relación adúltera con C al tiempo que B se relaciona pecaminosamente con C, a esta disposición se le llamará “Línea quebrada amorosa” o “cadena de infieles”. Esta disposición es expandible a un número infinito de quiebres, es decir, una unión sucesiva de bígamos... (fig. 4)

Geometrías poligonales amorosas:

  • Sea una pareja cualquiera, donde A es pareja de B, y A sostiene una relación extramarital con C, mientras que B y C son bisexuales y sostienen un amorío, a esta disposición se le llamará “triángulo amoroso”, “fantasía masculina” o “threesome”. (fig. 5)
  • Sea una pareja cualquiera, donde A es pareja de B, y A se relaciona amorosamente con C mientras que B flirtea con D, donde C y D forman otra pareja, a esta disposición se le conocerá como “cuadrado amoroso” o “swingers”. (fig. 6)
  • De acuerdo a los postulados anteriores, esta condición puede ser expandible a un polígono de lados infinitos, que se llamará “polígono amoroso” o “ciclo de engaños”. (fig. 7)

Geometrías diagonales amorosas:

  • Sea una pareja cualquiera, donde A es pareja de B, y A se relaciona amorosamente con C mientras que B flirtea con D, donde C y D forman otra pareja pero además D y A se relacionan de forma indecorosa, a esta disposición se le conocerá como “cuadrado diagonal amoroso” u “orgía de primer nivel”. (fig. 8)
  • Dado que las geometrías diagonales pueden ser complejas en su definición escrita, sólo abordaré los casos superiores como ejemplos gráficos en las figuras 9, 10 y 11.

De acuerdo al tratado geométrico-amoroso anterior, ahora es posible una verdadera amalgama entre la ciencia de Euclides y las relaciones interpersonales. Por supuesto, este tratado es sencillo y futuros estudios pueden llevar estos postulados a la geometría hiperbólica y platónica (poliedros). Quiero hacer notar que este estudio tuvo su origen en la inexactitud del lenguaje, pero impacta de forma definitiva al concepto y descripción de las circunstancias de aquellos infieles que carecían de una clasificación adecuada para su modus vivendi.

Por último, creo que estas razones geométricas pueden aplicarse también a otros sentimientos humanos, como la amistad, la confianza y ¡Hasta la vergüenza! Sólo requiere aplicar un pequeño cambio de nomenclatura.

miércoles, 2 de abril de 2008

¿Quién es el verdadero monstruo? o del robo a los muertos


A través de los años he desarrollado una adicción moderada por los videojuegos, principalmente aquellos de RPG (Role Playing Game). Me atraparon desde la arcaica consola del atari 2600, y aún sigo atrapado... Debo hacer notar que una de mis mayores fijaciones fue la zaga de "the legend of Zelda". Adoraba encarnar al joven y orejón "Link" y ser el acicate de los malosos, libertador de la tierra de Hyrule, y rescatista desinteresado de la fastidiosa princesa Zelda (víctima serial de secuestros). En aquellos días de 8-bit, mi mente no estaba ataviada por el aparente síndrome de Estocolmo entre Zelda y el hechicero Ganon (mejor dicho, ganón, porque de seguro se divertía con la mentada princesita), ni por la controvertida capacidad del protagonista para cargar a todo lugar con un costal lleno de porquerías (arco, flechas, bombas, boomerang, espada, escudo, etc...); nada de esto. Mi mente rodaba sobre la penosa necesidad de acumular “rupias”, divisa oficial de la tierra de Hyrule. Las rupias provenían, principalmente, del asesinato. La cruenta matanza de malhechores, esbirros del hechicero maligno, que se dedicaban a obstaculizar la misión del protagonista. Con las rupias, como ocurre con cualquier moneda, se adquirían objetos de valor: pociones, escudos y otros adminículos. Esta modalidad fue adoptada rápidamente por muchos videojuegos subsiguientes, incluso, en diferentes consolas.

Recientemente, he invertido algunas horas en desbloquear todas las capacidades especiales de mi “Resident Evil 4” para el PlayStation 2. En este juego, Leon avanza por diferentes niveles eliminando zombies. Cuando la vida después de la muerte de un zombie es extinguida, aparecen municiones, armas y, por supuesto, pesetas (el juego se desarrolla en algún lugar de España). Para adquirir la bonanza también existe la posibilidad de romper jarrones, barriles, cajas y retirar pinturas de la pared. Estando absorto en esta dinámica de homicidio y recolección, de pronto me golpeó... me golpeó un zombie, pero lo maté y luego me di cuenta: ¿De dónde proviene este dinero que se encuentra en los jarrones, detrás de los cuadros y en los restos de mis víctimas? Probablemente algún zombie ahorraba los centavitos, remuneración mezquina por su labor como secuaz, y los depositaba en el jarrón o detrás del cuadro. Probablemente había una pequeña familia zombie que soñaba con cambiar de vida cuando el muerto padre ahorrara lo suficiente para un cirugía plástica y algunas cajas de desodorante (los muertos han de oler muy mal). Tal vez ahorraba ese dinero para comprar el anillo de compromiso que requería para contraer nupcias con el putrefacto cadáver de la novia. Incluso, podían ser los ahorros para mandar a la niña muerta de la familia a la universidad a estudiar medicina, niña que soñaba con aliviar las molestias del rigor mortis de sus padres y abuelos... Me deprimí. Toda esta información, todos estos sueños rotos, por mi culpa, por mi codicia desmedida y mi falta de empatía hacia las necesidades de los vivos después de la muerte...

Obviamente quise justificarme: La supervivencia del más apto, el bien debe triunfar, los muertos no sienten... y la más patética: así se me educó, a matar malosos para conseguir bienes y estatus social de héroe. Aunque yo sé que no es justificación, esta última aseveración es cierta. Desde que inicié mi transe a través de los videojuegos, esta fue la educación que recibí de los programadores... Aún así me siento como un asesino en serie intentando evadir la pena capital.

Soy sensato, no prometo cosas que no puedo cumplir. Nunca he dicho que no volveré a tomar después de una terrible cruda, ni he dicho que entrego el 100% de mi esfuerzo en algo. No puedo decir que dejaré de jugar videojuegos, ni que despreciaré los bienes que obtenga de mutilar y aniquilar a un zombie, ente malvado o secuaz del maligno. Pero aseguro que de ahora en adelante me acongojaré por aquella familia quebrantada, por esos sueños rotos y por ese espíritu ahorrativo y tacaño que están detrás de cada una de mis víctimas en este oscuro camino que los videojuegos de RPG me obligan a caminar.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Redecir un dicho o de la modernización de la sabiduría coloquial

Los refranes... Ah, terribles acicates que ponen en evidencia nuestra ignorancia o destruyen nuestra burbuja existencialista, y es que ¿Quién no ha sido merecedor de algún refrán en algún momento de confusión o enfado? Los dichos populares tienen la capacidad de hacernos notar, de forma irrefutable, que no somos ni los primeros ni los últimos en vivir una determinada circunstancia, al grado de que se confeccionó un refrán para esa específica situación... Lo que quiero decir, para ponerme pragmático, es que si alguna vez la tristeza nos invade habrá un: “las penas con pan son buenas” o “dale tiempo al tiempo” o “pa’ los toros del jaral, las yeguas de allá mesmo” (este último para los idilios mal logrados). La verdad es que los refranes nos arrebatan esa unicidad que creemos poseen las experiencias que vivimos. Los dichos nos abren los ojos a que nuestra problemática es bien conocida y ya hasta se ha propuesto una especie de ley que enuncia la solución definitiva o fácilmente observable y que escapa a nuestra sagacidad (que en realidad no era mucha dado que nos metimos en el dilema al que responde el dicho).

En mi opinión, los dichos pueden evolucionar, adaptarse a la nueva problemática y dinámica social. Ahora, poca gente sabe para qué rayos se traga el pinole y como su consumo puede ocasionar un impedimento en la capacidad chiflativa... Ahora, a los dichos, se les reemplazan palabras que suenan parecidas a las originales, pero que tienen connotaciones sexuadas e imaginativas. Verbigracia:

“El que quiere azul celeste, que se acueste.”

“Aunque se pinte de güera, mona se queda.”

Y mi favorito: “A palo dado... ¡Adiós, loquita!”

Dentro de esta sinergia modificativa de refranes quiero proponer la ampliación de la sabiduría del dicho a niveles insospechados, utilizando la variación ortográfica. Estas variaciones permitirán un uso expandido de los dichos y nos permitirán abarcar situaciones no previstas por la sabiduría coloquial. Observad el siguiente ejercicio:

Del refrán: “El casado casa quiere”; que se refiere a que los enamorados quiere privacidad, son posibles las siguientes variaciones:

  • “El casado caza quiere”; donde un marido quiere salir de cacería para evitar lidiar con la molesta esposa (por lo general aplica de manera chovinista).
  • “El cazado casa quiere”; que aplica cuando un cazador desalmado arma el cliché televisivo de cazar personas por gusto y les permite a sus presas correr por un bosque donde éstas buscan refugio, de preferencia, una choza o cabaña.

Del refrán: “Entre menos burros más olotes”; utilizado para cuando personas abandonan un agasajo e incrementan las porciones de los demás concurrentes, pueden lograrse las siguientes extrapolaciones:

  • “Entre menos burros más solotes”, que indica la notoria soledad que embarga a aquellos que decidieron quedarse en la tertulia, ante la partida de algunos que tenían que llegar temprano a sus hogares.
  • “Entren menos burros y más olotes”, que indica el deseo que de lleguen menos invitados al tiempo que se expresa el deseo de que sean preparadas más viandas.

Del refrán: “El pez por la boca muere”, utilizado para hacer reflexionar a aquellas personas que suelen enredarse en sus mentiras, haciendo evidentes sus engaños, se expande a:

  • “El pez por la coca muere”; que puede aplicarse para hacer notar a algún consumidor de narcóticos que hasta un animal podría morir por sobredosis.
  • “El pez por la boca muerde”; caso ejemplar para referirse a la piraña mascota que tenía aquel hombre raro que tenía una tienda de mariscos y murió por un extraño accidente en el que perdió varios dedos de la mano al intentar sacar su reloj de la pecera.

Como los casos expuestos, es posible ampliar el campo de acción de un refrán, así como su trasfondo cultural y generacional, al cambiar únicamente una letra en el enunciado. Estas modificaciones son menos agresivas con el texto original y permiten la creación y adecuación de nuevos dichos populares, y la conservación de la estructura original del dicho antes de su modificación. La expansión de un dicho al que se le cambia sólo una letra es más eficiente y más respetuosa que aquellas en las que se modifica una palabra completa.

Es necesario aclarar que al principio, habrá una alta confusión entre los usuarios, así como una insatisfacción generalizada hacia la aplicación de los refranes, ya que las modificaciones gramaticales sólo serán evidentes al observar el refrán en su forma escrita. Sin embargo, el uso de esta nueva tendencia se extenderá y en un futuro a corto plazo, las modificaciones se manejarán comúnmente, generando niveles de satisfacción aceptables entre los usuarios.